Fabián Calle

Argentina y sus relaciones con EE.UU.: La visita de Obama

Argentina y sus relaciones con EE.UU.: La visita de Obama

A partir de la victoria a nivel nacional y en la provincia de Buenos Aires (con el elemento de gobernabilidad que ello aportó), se han venido escuchando reflexiones de advertencia provenientes de ámbitos como el académico, político y de movimientos sociales sobre los riesgos de que el nuevo gobierno argentino produzca un giro hacia un “alineamiento carnal” 2.0. Básicamente, se hace referencia a un fuerte énfasis en la articulación de relaciones fuertes y cooperativas con los Estados Unidos. En el caso de que estas advertencias sean hechas desde la chicana política, no tiene mucho sentido hacer una reflexión al respecto dado que, en este plano, el análisis y los antecedentes históricos no tienen mayor utilidad para los profieren estos comentarios. Por ello, nos dirigiremos a aquellos que lo hacen desde la buena intención y la búsqueda de soluciones mejores a las que ellos ven para los lineamientos internacionales de nuestro país.

Obama

En primer lugar, cabría –más allá de que sea tan políticamente incorrecto como recordar la propensión de muchos antiyanquis argentinos a ahorrar en dólares, a incluir palabras en inglés en sus charlas cotidianas, en la mayoría de los casos sin saber correctamente el idioma, y a disfrutar de Miami y Nueva York– remarcar que la política exterior de un caudillo del interior del peronismo como Menem en 1989 se basó principalmente en dos realidades básicas. Una fue el colapso económico existente en un escenario de hiperinflación y demanda social para controlar a cualquier precio y, la otra, el colapso del modelo soviético, incluyendo el paso de China hacia el capitalismo 10 años antes, en 1979. Debemos recordar que, nos guste o no, todo ese proceso fue respaldado por sucesivas victorias, en 1989, 1991, 1993, 1995, etc., especialmente en las áreas con población de clase baja y media baja.

Pero quizás lo más importante al repasar ese período sea recordar (Youtube e Internet son muy útiles para tener una visión clara y contundente) que muchos de los principales protagonismos de las críticas más duras a esa etapa que se dan desde sectores peronistas y de izquierda aliada al peronismo pos 2003 tuvieron una posición como mínimo dócil o como máximo de claro y neto apoyo a los lineamientos de Menem. En especial, entre 1989-1995, cuando el poder electoral del expresidente y su entonces aliado Eduardo Duhalde mostraban su máxima expresión.

Varios –para no decir muchos– de los baluartes del ideario bolivariano, progresista y hasta marxista distaron de estar en la vereda de enfrente del presidente Menem. Un argumento enternecedor es que en realidad se oponían… pero en silencio, y esperando a tener poder para aplicar su ideario de izquierda y cuasi antioccidental. De más esta decir que este argumento se podría sumar a Santa Claus y los tres Reyes Magos, con la desventaja de que estos últimos dos son preciosas joyas del sistema de creencias de niños y no de adultos.

Tal como comentamos en un previo artículo sobre “un GPS” para la política exterior de Macri, la configuración de poder del sistema internacional actual dista de ser un calco de la de 1989. Aquel mundo unipolar ha dado lugar a una configuración más claramente multipolar en lo económico. Los rasgos unipolares aún presentan cierta vigencia en el plano estratégico-militar, en donde el gasto en Defensa de los Estados Unidos es al menos tres veces o poco más que el de China y 10 veces el de Rusia. Pero este dato impactante no implica omnipotencia ni resultados asegurados, como demuestran las dos largas y desgastantes guerras de guerrillas y terrorismo que la superpotencia enfrentó y enfrenta en Irak y Afganistán. Como dicen los manuales de contrainsurgentes, sean americanos, franceses o soviéticos, en un conflicto asimétrico como estos el mero hecho de que los rebeldes y terroristas no pierdan (sin que necesariamente ganen) ya transforma ese resultado en más que óptimo. Ello llevó a que Francia se retirase de Argelia a comienzos de los 60, Estados Unidos de Vietnam en 1975 y la URSS de Afganistán en 1989. El renovado desafío que representa justamente hoy el Estado Islámico en Siria e Irak para Washington, París y Moscú es otro ejemplo de las limitaciones de la supremacía militar convencional y nuclear para lograr rápidos y contundentes resultados frente a ciertos tipos de actores no estatales y amenazas transnacionales.

Asimismo, en el frente económico-financiero, la crisis que tuvo como epicentro Wall Street en 2008, así como las turbulencias y serias dudas que generan las burbujas inmobiliarias en China son una clara demostración de las limitaciones que existen también en estos planos tan sensibles y que hacen al órgano más sensible del ser humano, como decía Perón: el bolsillo.

Una política exterior argentina para la próxima década no tiene ningún incentivo ni material simbólico para repetir lo que se hizo hace más de dos décadas, con amplio consenso social y de la élite política del peronismo de aquel entonces, que hoy con canas y algunas arrugas más o menos sigue estando presente. Por eso, no hay riesgo de un alineamiento carnal. En todo caso, tal como en diversos artículos ha explicado en detalle Roberto Russell, una de las mentes de las Relaciones Internacionales más brillantes de la Argentina, lo ejecutado por la diplomacia criolla entre 1989 distó de ser una postura simplista y limitada a subordinarse a Washington. Sí podría haber un cierto desandar de otra relación carnal que venía viéndose en el último lustro, pero esta vez con China (en palabras de Scalabrini Ortiz, la idea no es cambiar de collar sino dejar de ser perro), ya sea por búsqueda de financiamiento o para dejar contenta a la tribuna ideológica –chica pero siempre activa–, de mostrarle que si había endeudamiento era con los herederos de Mao y no con Wall Street.

Un análisis más profundo mostraría que poco, para no decir nada, queda del ideario maoísta económico en la potencia asiática hoy. La articulación de una relación estratégica con Brasil iniciada por Alfonsín, la integración con Chile, la potenciación de las masivas inversiones europeas en las privatizaciones son un ejemplo de que lo hecho desde 1989 no se limitó a un vínculo unidireccional con la potencia unipolar. Pero, como comentamos previamente frente a los clichés y chicanas políticas, la explicación y la historia no tienen ninguna utilidad. Como dice la canción, “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.

La relación con Europa: Del mercantilismo a la “securitización”

El protagonismo que presentan la Argentina y Brasil en materia de consumo de droga, y como punto de salida de importantes embarques de algunas de estas sustancias hacia Europa, convierte al combate al narcotráfico en una buena política de integración para trabajar con el Viejo Continente.

Un GPS para el nuevo presidente

Una encuesta reveló lo que piensan y esperan los argentinos en materia de política exterior. Desconfianza hacia los EE.UU., buena valoración de China, muchas incongruencias y algunas pistas para ordenar las relaciones internacionales del país. Escribe Fabián Calle

EE.UU. y la región: De la burocracia a las grandes estrategias

EE.UU. y la región: De la burocracia a las grandes estrategias

¿Qué condiciones se dieron en la historia de América Latina para que formar parte de la “gran estrategia norteamericana”? Hasta el presente hemos vivido dos irrupciones de una gran potencia en la región, Gran Bretaña y EE.UU. La tercera podría estar cerca… 

Hacia la multipolaridad

Aunque no tan rápida y linealmente como se cree, el globo amenaza hacia una reconfiguración del balance de poder. Lejos de la caída abrupta de EE.UU., los países emergentes arman su estrategia de posicionamiento.

México: La revolución petrolera del siglo XXI

México: La revolución petrolera del siglo XXI

En los próximos días, el Congreso mexicano comenzará un debate sobre la reforma energética que propone el presidente Peña Nieto, hombre del PRI, partido que en 1938 impulsó la creación de la empresa Pemex y la nacionalización de los hidrocarburos. Esta compañía enfrenta varios desafíos importantes, como pérdidas en los últimos nueve meses por 7000 millones y niveles de producción de 2.5 millones de barriles diarios, el nivel más bajo en dos décadas. Desde agosto, el Ejecutivo impulsa una legislación que le dé más espacio a la inversión privada e internacional. Para concretarlo, deberá conseguir una mayoría calificada de tres cuartas partes.

Asimismo, el gobierno impulsa reforzar la seguridad de Pemex frente a ataques de las mafias del narcotráfico. Se invertirá en sistemas de seguridad electrónica de cámaras, sensores, drones, lanchas, entre otras cosas. Esto se hará también de manera coordinada con la Comisión Federal de Electricidad, principal proveedora de energía eléctrica del país. El plan de seguridad de Pemex se extenderá en una primera etapa hasta el año 2017, y se invertirán 2900 millones de pesos mexicanos. Se buscará también reducir el número de robo de combustible y secuestro de personal. En la visión del gobierno, sin una mejora de la seguridad física de estas instalaciones y personal, no habrá inversión sustentable en el mediano y largo plazo.

En un reciente informe, el Banco Mundial llega a la conclusión de que el país sigue siendo dependiente de sus exportaciones petroleras, pese a las recientes reformas fiscales que los últimos dos gobiernos han concretado. Con ellas, pensaban aumentar los ingresos en 1.5 puntos del PBI, pero el resultado final ha sido de un punto o menos. Un tercio de los ingresos del Estado vienen aún del sector petrolero. México es, luego de Canadá, el principal proveedor del 54 por ciento del petróleo que EE. UU. necesita importar. El porcentaje restante lo produce internamente y de manera creciente por el aumento de producción. De hecho, EE. UU. pasó de comprar 1.5 millones a Venezuela hace un lustro, a hacerlo por un volumen de 0.9 millones de barriles diarios, con tendencia a una leve pero persistente baja. Venezuela, luego de Arabia Saudita, es el cuarto proveedor de la superpotencia americana, que de la mano de la revolución del shale oil que se da en su territorio, ha incrementado su stock diario de extracción de oro negro de 5 millones de barriles un lustro atrás a 7.5 millones en la actualidad, cifra que está en pleno ascenso.

El espejo en el que se miran muchos reformistas en México es la empresa mixta, público-privada, Petrobras de Brasil y el dinamismo que ha alcanzado en la última década. Para tener una idea de la magnitud lograda por esta compañía, cabría recordar que su valor en el mercado es equivalente casi a la mitad de todo el PBI argentino. Peña Nieto aclaró ya en agosto, cuando lanzó la propuesta de reforma, que esto no representa una privatización ni mucho menos. Directivos de Pemex argumentan que si bien el costo de la mano de obra en el sector petrolero de los EE. UU. es un 400 por ciento mayor que en México, el costo de la producción es casi equiparable entre los dos países debido a la baja inversión. Por ello, argumentan que se deberá mejorar la transparencia y el management. De dar resultado los cambios propuestos, el nivel de inversión de Pemex podría pasar de 25.000 millones de dólares a 50.000 millones o aun más.

En la visión de las estadísticas del gobierno americano, Méjico en el 2012 alcanzó las 2.6 millones de barriles y se posiciona en el puesto 11 cómo productor mundial. En contraste, se ve un proceso de estancamiento y hasta caída de la producción en el promedio de la ultima década. Representando los recursos petroleros un total del 16 por ciento de todos los ingresos del Estado. No obstante, si incluyesemos todos los sectores ligados a la producción e impuestos en la energía la cifra alcanza al 34 por ciento. Por ello, la caída en los barriles de petróleo producidos impacta y fuerte. Mas aún con una Economía de EEUU aun saliendo de la crisis del 2008. México a su vez consume casi el 60 por ciento de su producción de petróleo y se espera que ello siga un camino ascendente. Al mismo tiempo que es un neto importador de gas natural que llega vía barcos o gasoductos desde EEUU así como de naftas y derivados del crudo.
Aun la misma Colombia se asoma cómo un creciente productor superando ya el millón de barriles diarios con aumentos del 13 por ciento con respecto al 2012.  El gobierno colombiano espera superar los 1.25 millones de barriles en el 2018. Ni que decir el Brasil con el boom de sus cuencas offshore y su mutación de importador neto de carburantes más de una década atrás a un futuro importante exportador en el mediano plazo. En tanto que Pdvsa de Venezuela enfrenta serios problemas. La Opep informo en septiembre 2013 que la producción venezolana se mantiene estancada en poco más de 2.7 millones de barriles diarios. El anio pasado, se había llegado a 2.8 millones. Otras fuentes, hablan de 2.3 millones. Existiendo un conjunto de importantes inversiones anunciadas inconclusas, pese a lo cual aun esta en la posición número 12 en el listado de productores mundiales de petróleo.
Estos cambios, ascensos y descensos en el mundo petrolero serán claves para la Argentina en el corto y mediano plazo, dado el creciente déficit energético y su consiguiente impacto sobre el nivel de reservas de dólares del Banco Central. Asimismo, los casos de Petrobras y potencialmente el de Pemex se podrían constituir en ejemplos y eventuales socios estratégicos futuros del sector energético argentino. Segun los estudios internacionales, la Argentina solo es superada hasta el momento por China en lo que se refiere a reservas comprobadas de shale petróleo y shale gas. La ahora famosa mediatizar región de Vaca Muerta en Neuquén es una de las más importantes en este sentido. El futuro del sector de hidrocarburos argentino dependerá de la capacidad de generar masivas y sostenidas inversiones nacionales e internacionales en este sector. De hacerlo, la actual vulnerabilidad y dependencia comenzaría a ceder en un lustro. El lograrlo, evitará que la abundancia generada por la quintuplicacion que beneficia a la Argentina desde hace 10 años, termine siendo carcomida por la balanza energética. El moderar y llegado el caso neutralizar este rojo, acompañado de las perspectivas de una continuidad en el mediano plazo de materias primas como las soja y los minerales a precios a precios más que aceptables en el futuro previsible, hacen que nuestro país aun conserve la posibilidad de aprovechar para su desarrollo económico y social está segunda oportunidad que nos da la historia. La anterior, 1880-1930 ya quedo atrás y la miramos con añoranza durante casi un siglo. No sea cosa que nos suceda nuevamente cuando hablemos del 2002-2020.
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