Fabián Calle

Los claros y oscuros del milagro brasileño

Un análisis de los temas pendientes y los avances -con matices- que enfrenta la sociedad brasileña en medio de un clima electoral en el que la seguridad ciudadana se presenta como el común denominador en los discursos de los principales sectores.

Argentina y su posible inserción en un mundo multipolar

Argentina y su posible inserción en un mundo multipolar

A la luz de la estrategia utilizada por Brasil para buscar un lugar como subpotencia regional, la diplomacia argentina puede encontrar la llave para entrar en las grandes negociaciones globales.

Brasil y la lucha contra el narcotráfico: “Garantía de ley y orden”

Brasil y la lucha contra el narcotráfico: “Garantía de ley y orden”

En el contexto del aumento del consumo de droga y del fuerte crecimiento del narcotráfico y el crimen organizado, los gobiernos de Lula y Dilma Rousseff favorecieron el despliegue policial y militar en las zonas más calientes de los principales centros urbanos. La estrategia de Brasil para hacer frente a la violencia delictiva.

Hacia la multipolaridad

Aunque no tan rápida y linealmente como se cree, el globo amenaza hacia una reconfiguración del balance de poder. Lejos de la caída abrupta de EE.UU., los países emergentes arman su estrategia de posicionamiento.

México: La revolución petrolera del siglo XXI

México: La revolución petrolera del siglo XXI

En los próximos días, el Congreso mexicano comenzará un debate sobre la reforma energética que propone el presidente Peña Nieto, hombre del PRI, partido que en 1938 impulsó la creación de la empresa Pemex y la nacionalización de los hidrocarburos. Esta compañía enfrenta varios desafíos importantes, como pérdidas en los últimos nueve meses por 7000 millones y niveles de producción de 2.5 millones de barriles diarios, el nivel más bajo en dos décadas. Desde agosto, el Ejecutivo impulsa una legislación que le dé más espacio a la inversión privada e internacional. Para concretarlo, deberá conseguir una mayoría calificada de tres cuartas partes.

Asimismo, el gobierno impulsa reforzar la seguridad de Pemex frente a ataques de las mafias del narcotráfico. Se invertirá en sistemas de seguridad electrónica de cámaras, sensores, drones, lanchas, entre otras cosas. Esto se hará también de manera coordinada con la Comisión Federal de Electricidad, principal proveedora de energía eléctrica del país. El plan de seguridad de Pemex se extenderá en una primera etapa hasta el año 2017, y se invertirán 2900 millones de pesos mexicanos. Se buscará también reducir el número de robo de combustible y secuestro de personal. En la visión del gobierno, sin una mejora de la seguridad física de estas instalaciones y personal, no habrá inversión sustentable en el mediano y largo plazo.

En un reciente informe, el Banco Mundial llega a la conclusión de que el país sigue siendo dependiente de sus exportaciones petroleras, pese a las recientes reformas fiscales que los últimos dos gobiernos han concretado. Con ellas, pensaban aumentar los ingresos en 1.5 puntos del PBI, pero el resultado final ha sido de un punto o menos. Un tercio de los ingresos del Estado vienen aún del sector petrolero. México es, luego de Canadá, el principal proveedor del 54 por ciento del petróleo que EE. UU. necesita importar. El porcentaje restante lo produce internamente y de manera creciente por el aumento de producción. De hecho, EE. UU. pasó de comprar 1.5 millones a Venezuela hace un lustro, a hacerlo por un volumen de 0.9 millones de barriles diarios, con tendencia a una leve pero persistente baja. Venezuela, luego de Arabia Saudita, es el cuarto proveedor de la superpotencia americana, que de la mano de la revolución del shale oil que se da en su territorio, ha incrementado su stock diario de extracción de oro negro de 5 millones de barriles un lustro atrás a 7.5 millones en la actualidad, cifra que está en pleno ascenso.

El espejo en el que se miran muchos reformistas en México es la empresa mixta, público-privada, Petrobras de Brasil y el dinamismo que ha alcanzado en la última década. Para tener una idea de la magnitud lograda por esta compañía, cabría recordar que su valor en el mercado es equivalente casi a la mitad de todo el PBI argentino. Peña Nieto aclaró ya en agosto, cuando lanzó la propuesta de reforma, que esto no representa una privatización ni mucho menos. Directivos de Pemex argumentan que si bien el costo de la mano de obra en el sector petrolero de los EE. UU. es un 400 por ciento mayor que en México, el costo de la producción es casi equiparable entre los dos países debido a la baja inversión. Por ello, argumentan que se deberá mejorar la transparencia y el management. De dar resultado los cambios propuestos, el nivel de inversión de Pemex podría pasar de 25.000 millones de dólares a 50.000 millones o aun más.

En la visión de las estadísticas del gobierno americano, Méjico en el 2012 alcanzó las 2.6 millones de barriles y se posiciona en el puesto 11 cómo productor mundial. En contraste, se ve un proceso de estancamiento y hasta caída de la producción en el promedio de la ultima década. Representando los recursos petroleros un total del 16 por ciento de todos los ingresos del Estado. No obstante, si incluyesemos todos los sectores ligados a la producción e impuestos en la energía la cifra alcanza al 34 por ciento. Por ello, la caída en los barriles de petróleo producidos impacta y fuerte. Mas aún con una Economía de EEUU aun saliendo de la crisis del 2008. México a su vez consume casi el 60 por ciento de su producción de petróleo y se espera que ello siga un camino ascendente. Al mismo tiempo que es un neto importador de gas natural que llega vía barcos o gasoductos desde EEUU así como de naftas y derivados del crudo.
Aun la misma Colombia se asoma cómo un creciente productor superando ya el millón de barriles diarios con aumentos del 13 por ciento con respecto al 2012.  El gobierno colombiano espera superar los 1.25 millones de barriles en el 2018. Ni que decir el Brasil con el boom de sus cuencas offshore y su mutación de importador neto de carburantes más de una década atrás a un futuro importante exportador en el mediano plazo. En tanto que Pdvsa de Venezuela enfrenta serios problemas. La Opep informo en septiembre 2013 que la producción venezolana se mantiene estancada en poco más de 2.7 millones de barriles diarios. El anio pasado, se había llegado a 2.8 millones. Otras fuentes, hablan de 2.3 millones. Existiendo un conjunto de importantes inversiones anunciadas inconclusas, pese a lo cual aun esta en la posición número 12 en el listado de productores mundiales de petróleo.
Estos cambios, ascensos y descensos en el mundo petrolero serán claves para la Argentina en el corto y mediano plazo, dado el creciente déficit energético y su consiguiente impacto sobre el nivel de reservas de dólares del Banco Central. Asimismo, los casos de Petrobras y potencialmente el de Pemex se podrían constituir en ejemplos y eventuales socios estratégicos futuros del sector energético argentino. Segun los estudios internacionales, la Argentina solo es superada hasta el momento por China en lo que se refiere a reservas comprobadas de shale petróleo y shale gas. La ahora famosa mediatizar región de Vaca Muerta en Neuquén es una de las más importantes en este sentido. El futuro del sector de hidrocarburos argentino dependerá de la capacidad de generar masivas y sostenidas inversiones nacionales e internacionales en este sector. De hacerlo, la actual vulnerabilidad y dependencia comenzaría a ceder en un lustro. El lograrlo, evitará que la abundancia generada por la quintuplicacion que beneficia a la Argentina desde hace 10 años, termine siendo carcomida por la balanza energética. El moderar y llegado el caso neutralizar este rojo, acompañado de las perspectivas de una continuidad en el mediano plazo de materias primas como las soja y los minerales a precios a precios más que aceptables en el futuro previsible, hacen que nuestro país aun conserve la posibilidad de aprovechar para su desarrollo económico y social está segunda oportunidad que nos da la historia. La anterior, 1880-1930 ya quedo atrás y la miramos con añoranza durante casi un siglo. No sea cosa que nos suceda nuevamente cuando hablemos del 2002-2020.
Brasil y el caso Snowden

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El gobierno de Dilma Rousseff está utilizando la controversia por el espionaje de EE. UU. como elemento de fortalecimiento frente a la opinión pública de su país y como carta de negociación para un viejo anhelo brasileño: un lugar en el Consejo de Seguridad.

Irán: Una ventana de oportunidad

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La llegada al poder del clérigo moderado Hassan Rohani abre nuevas perspectivas de diálogo entre la república islámica y la comunidad internacional. Un análisis de los desafíos del nuevo mandatario iraní.

El neoautoritarismo se viste a la moda

En el turbulento escenario global, se han ido consolidando en América Latina modelos populistas que cuestionan las prácticas republicanas y, lejos de integrarse a los mercados internacionales, ven al mundo como una amenaza.

Disuasión y nacionalismo

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A raíz de un video de las tropas chilenas entrenando con cánticos agresivos hacia sus países vecinos, surge el debate del lugar que deberían ocupar las Fuerzas Armadas en nuestro país. ¿Podremos seguir el ejemplo de algunos países sudamericanos, en los que los militares combinan alto profesionalismo con no injerencia en la arena política?

El huracán Obama aún sopla

Hace cuatro años, Barack Obama se consagraba presidente de la principal potencia económica y militar del mundo. Lo hacía por un margen de cinco puntos sobre el senador John McCain, arrastrando consigo un avance imponente de los demócratas en las dos Cámaras del Congreso. Quizás el mayor desafío electoral no haya sido ese, sino ganarle las primarias demócratas a los Clinton. La dupla política de Bill y Hillary Clinton se había dispuesto a posicionar a la exprimera dama como la primera presidente mujer de EE. UU. Quien pudiese enfrentar exitosamente esta maquinaria clintoniana haría, como mínimo, un excelente papel en cualquier elección nacional.

Un clima de esperanza pocas veces visto fue el que logró Obama durante esos meses de puja por la primera magistratura. En septiembre de 2008, Wall Street había crujido como nunca en 60 años y el capitalismo internacional entraba a tientas en un nuevo orden o potencial caos y desorden. Los manuales de política y economía parecían ya no servir más. Un negro de padre musulmán había ganado la interna demócrata y la presidencia a solo siete años del trauma del 11 de septiembre de 2001. Para colmo, Osama y Obama sonaban parecido, chicana que no dejaron de usar fallida e insistentemente los representantes del ala derecha republicana.

En el plano financiero, las todopoderosas evaluadoras de riesgo se caían. Esa herencia se hizo sentir con toda su fuerza en las elecciones legislativas de medio término, con la contundente victoria a los republicanos. El desempleo siguió siendo alto, cercano al 8 por ciento, si bien bajó con respecto a los picos de 2008 y comienzos de 2009. Esa cercanía a casi dos dígitos era una barrera histórica que desde 1945 había imposibilitado cualquier reelección en EE. UU. En los años posteriores al caos de 1929, el gran Franklin D. Roosevelt lo consiguió. Ahora fue el turno de Obama.

Un factor no menor ha sido el profundo cambio demográfico que se viene dando desde hace décadas en EE. UU. Nos referimos a la posición alcanzada por los latinos o hispanos como primera minoría, la cual desde 2008 está crecientemente movilizada y organizada. Ya no se encuentran radicados en los estados tradicionales del sur, sino que están extendidos por todo el país y pesan en el colegio electoral. Obama supo mostrarse dialoguista y comprensivo con esta ascendente minoría, si bien sus gestos distaron de ser amplios y contundentes como esperaban los demócratas de izquierda. Esta tendencia se vio potenciada por el auge que tuvieron en estos años los sectores más conservadores y de derecha entre los republicanos y la imagen antiinmigratoria que supieron conseguirse por acción u omisión. No casualmente las encuestas preelectorales mostraron a un 70 por ciento de los hispanos inscriptos -en especial los de origen mexicano- inclinados por votar a Obama y solo a un 25 por Romney. Esto quedó confirmado por los estudios y análisis post 6 de noviembre, los cuales mostraron un crecimiento del 8 por ciento de este voto hacia los demócratas vis a vis las presidenciales de cuatro años atrás.

Todo esto llevó a portales de análisis como Político, uno de los más informados e influyentes en EE. UU., a interrogarse: “El Partido Republicano, ¿demasiado viejo, demasiado blanco, demasiado masculino?”. Si bien esto no deja de tener una parte sustancial de realismo, también cabe recordar que la diferencia de voto popular entre Obama y McCain fue de tan solo cinco puntos y entre Obama y Romney de dos puntos únicamente. Los estrategas de ambos bandos entendieron perfectamente que la batalla se reducía a un puñado de entre cinco y siete estados que podían ir de un lado a otro. A ello se sumó la decisión de los planificadores electorales de Obama de pegar fuerte y preventivamente a Romney seis meses antes de las elecciones, usando masivos recursos económicos, aun cuando el republicano lograra superarlo en recaudación total.

Decía Maquiavelo que la vida de los hombres y de los Estados es “suerte y virtud”. Obama tuvo la suerte de perder contundentemente su primer debate con Romney, y esto le dio tiempo para remontar la colina en los otros dos. Asimismo, el huracán Sandy llegó en un momento justo para hacer una pausa electoral, mientras Romney daba sus últimos pasos en el combate por la paridad y hasta un leve margen a favor, si bien una mirada fina de los números nos indica que el pico de la intención de voto para él se dio diez días antes del 6 de noviembre y a partir de allí se estancó y bajó levemente.

Para finalizar, y concentrarnos en lo que nos corresponde a los otros países que interactúan con EE. UU., el tercer debate Obama-Romney, que se centró en política exterior, demostró que las diferencias entre ambos eran mucho menores que en materia de política interna. El foco en el ascenso de Asia, la intención de evitar un Irán con poder nuclear militar, una retirada ordenada de Afganistán y el deseo de no dejar levantar cabeza a la golpeada Al-Qaeda fueron posiciones compartidas.

Cabría esperar que los argentinos sepamos articular una relación constructiva, de mutuo respeto, pragmática y con la mirada puesta en el futuro en la relación bilateral. No solo porque EE. UU. es el país que representa el 25 por ciento del PBI mundial, el 43 por ciento del gasto militar global y el epicentro de la revolución tecnológica y de telecomunicaciones que nos acompaña y entusiasma, sino también porque es una nación democrática y con plena vigencia de las leyes y las libertades, heredera de lo que supuestamente perseguimos en nuestra civilización occidental. Y siempre cabe recordar que aun los líderes más fóbicos hacia EE. UU. tienden a ahorrar en dólares o, como mínimo, en otra moneda occidental como el euro. Eso demuestra que ni ellos mismos creen en su fuero íntimo que se esté frente a una crisis terminal de ese mundo.

 

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