Ninguna solución en Siria es limpia

La Primavera Árabe para Siria sigue teniendo un desenlace incierto, con tantos interrogantes como actores principales y secundarios aparecen y con escaso tiempo de definición. La evolución todavía es incierta pues ni la Liga Árabe, ni EEUU, ni Rusia ni China, se atreverán a permitir un éxito gubernamental que incluya una matanza convertida en una guerra civil.  Escribe Omar Locatelli


La Primavera Árabe para Siria sigue teniendo un desenlace incierto, con tantos interrogantes como actores principales y secundarios aparecen y con escaso tiempo de definición. La evolución todavía es incierta pues ni la Liga Árabe, ni EEUU, ni Rusia ni China, se atreverán a permitir un éxito gubernamental que incluya una matanza convertida en una guerra civil.

Tampoco es cierto vislumbrar una salida del presidente que permita el acceso de organizaciones rebeldes militares, ingobernables para una débil y heterogénea dirigencia política. Ninguna solución pareciera aflorar limpiamente sin manchar principios esgrimidos por los diferentes actores.

Luego de detenerse la eventual “acción quirúrgica”, liderada por EEUU, la balanza de oportunidades vuelve a favorecer a los rebeldes, pues el gobierno sirio está impedido de usar abiertamente sus armas químicas. Los rebeldes, aún sin el apoyo de armamentos letales prometido por Occidente, siguen recibiendo la asistencia de la Liga Árabe y comienzan a recibir abiertamente el apoyo de la CIA estadounidense. Rusia, en su papel de improvisado “pacifista”, no puede más que evidenciar un rol de mediador diplomático que le impide armar al gobierno sirio. La ONU cobra trascendencia al ser el elemento que, más allá de buscar soluciones pacíficas, será la responsable de controlar y, eventualmente, destruir las armas químicas que se encuentren.

El Papa Francisco logra que su vigilia mundial haya tenido eco en detener las acciones militares de las principales potencias, a diferencia de las súplicas anteriores de Benedicto XVI al respecto. EEUU, herido por haber declamado “líneas rojas” que nunca pudo hacer respetar, y no obstante haber detenido su impronta bélica, tiene preparado su accionar misilístico “a distancia” que utilizará sin previo aviso y ante el solo eventual incumplimiento de las cláusulas de control.

La situación siria, más allá del momentáneo statu quo, no demuestra una salida fácil ni cercana hasta que no exista una solución militar. Por el contrario, del enfrentamiento original entre el gobierno y pueblo sirio, se incrementaron los enfrentamientos: sunitas contra shiítas, rebeldes moderados contra jihadistas extremistas, Hezbollah contra Al-Qaeda, Kurdos contra rebeldes extremistas, y hasta una rememorable guerra fría ruso-estadounidense.

Estos volátiles enfrentamientos mantienen vigentes interrogantes de difícil respuesta. Para valorar la posición de cada actor, tanto externo como interno, en un escenario post-Assad, es necesario poder responder diferentes interrogantes de compleja solución: ¿Podrá el actual gobierno mantenerse en el poder o cómo podrá arreglar una salida sin juzgamiento? ¿Cómo se establecerá la misión armada internacional para el control de las armas químicas, aún sin el consenso en el Consejo de Seguridad de Rusia y China? ¿La OTAN podrá reemplazar a la ONU para un eventual ataque “quirúrgico”? ¿Dejará Irán que su principal aliado regional sucumba ante las presiones populares en instancias cercanas a una confrontada negociación con Occidente? ¿Se extenderá el conflicto involucrando a Turquía, Arabia Saudita y Qatar, por un lado, y Hezbollah e Irán, por el otro? ¿Cuál será el rol de Turquía, la única potencia hegemónica islámica pro-occidental? ¿Qué papel desempeñarán Israel y Líbano, en la etapa post-conflicto? ¿Los Kurdos seguirán su lucha por independizarse y formar su tan ansiado Kurdistán? ¿Los rebeldes serán la base de un nuevo Al-Qaeda? ¿Siria se “balcanizará” en tres partes?

En una entrevista de la CBS a Bashar al-Assad, luego del ataque gaseoso, el presidente advirtió que “pequeñas guerras inician grandes guerras”. Insha’Allah (Quiera Dios) que una región con llamada local a los cielos de las principales confesiones monoteístas, la comunicación no se corte para que los rezos de tantas almas sufrientes puedan ser escuchadas claramente antes que estos dichos.

En esta coyuntural y desesperada desazón, cobran mayor vigencia las palabras de Alcibíades en la obra “Timón de Atenas, de William Shakespeare: “Haré que la guerra engendre la paz, que la paz sostenga a la guerra y que cada una sirva de médico a la otra”.

El autor es ex encargado de Defensa de la Argentina en Israel, y es experto en geopolítica de Medio Oriente.

Publicado en: Internacional, Siria
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