Escenarios energéticos

Según proyecciones de la ONU, la población mundial llegará a los 8500 millones de habitantes en 2030, lo que obligará a abastecer a 1500 millones de consumidores adicionales de energía. El desafío de cómo abastecer esta creciente demanda con las fuentes limitadas de las que dispone el planeta.

MELBOURNE, AUSTRALIA - AUGUST 20: Solar panels are seen on the rooftop at AGL's new Docklands office on August 20, 2015 in Melbourne, Australia. The rooftop solar system covers 20,000 square metres and will generate an estimated 110,000 kWh of electricity a year. Opposition Leader Bill Shorten has announced Labor's plans for a 50 per cent renewable energy target. (Photo by Scott Barbour/Getty Images)

La próxima década marcará una reconfiguración del mapa global de la energía, con su inevitable impacto geopolítico. El ascenso de China y los países asiáticos seguirá desplazando hacia el Pacífico el eje de crecimiento de la economía mundial, en tanto que el logro del autoabastecimiento energético por parte de América del Norte (EE. UU. y Canadá) podría reducir notablemente su dependencia de los países del golfo Pérsico, cuyas exportaciones de hidrocarburos se orientarán en forma creciente hacia el continente asiático. También en el sector nuclear, la mayor expansión se producirá en el Lejano Oriente, con China a la cabeza. Mientras tanto, la necesidad de mitigar el impacto del cambio climático obligará a una mayor coordinación de las políticas nacionales, tendiente a una decidida promoción de las fuentes renovables y a un uso más eficiente y racional de los recursos energéticos.

Norteamérica, la OPEP y el mercado del petróleo

La firme posibilidad de que Norteamérica alcance su autosuficiencia energética entre 2020 y 2030 podría reducir el peso que tienen en la actualidad los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en el mercado de hidrocarburos. Ese futuro escenario dependerá, entre otros factores, de la relación entre los precios internacionales del crudo y los costos de extracción de los recursos no convencionales, protagonistas de una verdadera revolución energética en EE. UU. y Canadá. Por lo pronto, la consultora Wood Mackenzie proyecta una producción adicional de entre 1,5 y 3 millones de barriles diarios de tight oil (“petróleo de esquisto”) estadounidense para 2030. Para esa misma fecha, la Asociación Canadiense de Productores de Petróleo (CAPP) estima que la producción de las oil sands o tar sands (“petróleo de arenas bituminosas” o “arenas asfálticas”), concentradas principalmente en el estado de Alberta, pasará de los actuales 1,8 millones a 5,2 millones de barriles diarios.

“El impacto del boom del tight oil en el comercio bilateral entre EE. UU. y los Estados árabes del Golfo será limitado”, explican Kristen Westphal, Marco Overhaus y Guido Steinberg en su informe The US Shale Revolution and the Arab Gulf States. Los investigadores del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad (SWP) recuerdan que alrededor de un cuarto de la producción total de crudo se origina hoy en el golfo Pérsico y que allí se encuentra al menos un tercio de las reservas mundiales de petróleo. Al analizar cómo impactará en sus exportaciones el boom de los recursos no convencionales norteamericanos, puntualizan que “el tight oil estadounidense es un petróleo de alta calidad con bajo contenido de azufre y ha reemplazado mayormente al crudo de similar calidad procedente de África occidental”. En el caso de Arabia Saudita, el país produce un petróleo pesado con alto contenido de azufre, que sí sería “susceptible de ser desplazado por las tar sands canadienses”. De todos modos, matizan, la petrolera estatal Saudi Aramco tiene participación en el subsector de la refinación estadounidense, donde también “podría, en cierta medida, garantizarse un mercado para su propio crudo”.

La OPEP no perderá entonces su poder de influencia, tal como advierte el analista Josep M. Valarrúbia en su trabajo Mercado energético mundial: desarrollos recientes e implicaciones geoestratégicas: “A pesar de que, al menos hasta la mitad de la próxima década, la producción de la OPEP representará una proporción cada vez menor de la producción global de crudo, el cartel seguirá jugando un papel central en la determinación de los precios de referencia”. “La OPEP, y especialmente los grandes productores del golfo Pérsico, con sus vastas reservas de petróleo convencional extraíble a un coste relativamente reducido, seguirán disponiendo de la práctica totalidad de la capacidad excedentaria disponible en el mercado”, señala este investigador del Instituto de Estudios Financieros (IEF) de Barcelona.

Sin embargo, los países árabes del Golfo se enfrentan también al aumento de su propia demanda energética interna, lo que podría poner en peligro su rol como exportadores. Sus presupuestos estatales, que dependen al menos en un 80 por ciento de los ingresos petroleros, se verán sometidos a “una presión cada vez más fuerte, en la medida que las necesidades de mayores inversiones en el sector energético confluyan con la presión para mantener bajos los precios domésticos de la energía”, señala el trabajo del SWP, que contrapone el “riesgo sociopolítico” que implica para sus gobiernos un aumento de los precios domésticos, con el “obstáculo” que supone el mantenimiento de los actuales subsidios, si lo que pretenden es seguir avanzando en el camino de las reformas.

Pivoteando hacia el Pacífico

Los principales think tanks internacionales no dudan en definir el presente siglo como “el Siglo del Pacífico”, lo que desplazará el baricentro de la economía mundial desde EE. UU. y Europa hacia China, India y sus ascendentes vecinos asiáticos. El impacto sobre la demanda energética será evidente: el informe Energy Outlook 2030 de BP prevé que China supere a EE. UU. como mayor importador mundial de petróleo en 2017 y alcance a Europa en 2030. Estos crecientes requerimientos energéticos forzarán a Beijing, según indica Vilarrúbia, a “adoptar una estrategia más proactiva en la seguridad energética global, especialmente en Medio Oriente”. Este analista no deja de señalar la relevancia geopolítica y energética de “los diversos conflictos abiertos en aguas del mar de China y del mar del sur de China (…) que han supuesto tensiones con Japón (islas Senkaku/Diaoyu), con Vietnam, Malasia, Filipinas y Taiwán (islas Spratly e islas Paracel)”. El valor de estos islotes radica en la extensión de las aguas territoriales y en la posibilidad de contar con nuevos yacimientos de petróleo y gas natural, entre otros recursos naturales.

En su documento de trabajo sobre las implicancias geopolíticas de los futuros cambios en el mercado energético mundial, Vilarrúbia entiende que Rusia puede convertirse en uno de los mayores suministradores de gas natural del gigante asiático. De hecho, en mayo del año pasado el gobierno de Vladimir Putin selló con su par chino Ji Xinping un histórico acuerdo por el cual la estatal rusa Gazprom suministrará al país asiático 38.000 millones de metros cúbicos anuales a partir de 2018. Tendrá una duración de 30 años y, tal como explicaba en DEF Nº 99 el politólogo Juan Manuel Pippia –docente de la UADE y coordinador del portal especializado www.innovaes.com–, “la materialización del acuerdo demandará inversiones por unos 20.000 a 55.000 millones de dólares” y convertirá a Rusia hacia el año 2020 en “el segundo o tercer proveedor de gas natural de China, detrás de Turkmenistán y Qatar”; a la vez que “China se transformará en el tercer mercado para las exportaciones gasíferas de Moscú, detrás de Europa (con 161.000 millones de metros cúbicos) y las exrepúblicas soviéticas (con 59.000 millones de metros cúbicos)”.

En su conjunto, las pujantes economías asiáticas seguirán ampliando su participación en el mercado internacional de los hidrocarburos. El ya citado trabajo del SWP recuerda que prácticamente el 24 por ciento de la producción global de petróleo se origina en la región del Golfo y se dirige principalmente hacia el continente asiático, que también se ha convertido en el principal mercado de destino del gas natural procedente de aquella zona. En el caso del gas, cabe puntualizar que Qatar es hoy el segundo mayor exportador mundial, detrás de Rusia, y casi dos tercios de sus ventas externas de GNL se dirigen a Asia. Esta “orientación asiática” de los productores árabes del Golfo se refleja, según indican los investigadores del SWP, en los joint ventures que se han venido conformando a lo largo de toda la cadena de valor del sector, que ha recibido un creciente flujo de inversiones de las petroleras chinas, indias y taiwanesas; en tanto que las empresas operadoras estatales árabes están expandiendo sus actividades de refinación y distribución de combustibles en los principales mercados asiáticos.

El sector nuclear continuará su expansión

Mientras tanto, en su Examen de la tecnología nuclear de 2015, difundido en julio pasado, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) señala: “El crecimiento de la población y de la demanda de electricidad en el mundo en desarrollo, el reconocimiento de la función que desempeña la energía nucleoeléctrica en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, la importancia de la seguridad del suministro de electricidad y la inestabilidad de los precios de los combustibles fósiles, hacen pensar que la energía nuclear será un componente importante de la matriz energética a largo plazo”. Esta institución multilateral destaca que, tras el accidente de Fukushima de marzo de 2011, se han producido mejoras en la seguridad que incluyen “el aumento de la eficacia de la defensa en profundidad, el fortalecimiento de la capacidad de preparación y respuesta para casos de emergencia, la intensificación de la creación de capacidad y la protección de las personas y el medioambiente contra la radiación ionizante”.

También en el sector nuclear la expansión se verificará mayormente en el continente asiático. Así lo consigna el OIEA en su informe: “Las perspectivas de crecimiento a corto y largo plazo siguieron centradas en Asia, especialmente en China. De los 70 reactores en construcción, 46 están en Asia, al igual que 32 de los últimos 40 reactores conectados a la red desde 2004”. China, que contaba al mes de diciembre de 2014 con 23 reactores nucleares de potencia en funcionamiento y una capacidad instalada de 19.007 megavatios, posee actualmente en construcción otros 26, que totalizarán una potencia instalada adicional de 25.756 megavatios. Por su parte, Japón, que había paralizado todas sus plantas tras el accidente de Fukushima, acaba de reabrir la primera de sus 48 centrales nucleares y el objetivo de su gobierno es que este tipo de energía represente en 2030 entre el 22 y el 24 por ciento de su mix energético.

En el campo tecnológico, los próximos avances estarán centrados en los pequeños reactores modulares o SMR (small modular reactors), entre los cuales se encuentra el CAREM-25, que está siendo desarrollado por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y se convertirá en la primera central nuclear de potencia totalmente diseñada en la Argentina. En ese mismo ámbito, la Corporación Nuclear Nacional de China (CNNC) está impulsando su modelo ACP100, un reactor multipropósito que también podrá utilizarse para la producción de calor y la desalinización de agua de mar; en tanto que Corea del Sur está haciendo lo propio con su modelo SMART. Otros países que se encuentran en esta misma carrera son EE. UU., Canadá, Francia, India, Japón, Rusia y Sudáfrica.

Las renovables, una opción impostergable

En el contexto de la preocupación por el impacto del cambio climático, un rol fundamental en el futuro suministro energético del planeta deberá provenir de las fuentes renovables. El informe REmap 2030: Hoja de ruta para las energías renovables, de la Agencia Internacional de las Energías Renovables (IRENA), recuerda que “las emisiones mundiales del consumo energético sobrepasaron las 30 Gt (gigatoneladas) de CO2 (dióxido de carbono) en 2010 y continuarán creciendo”, pudiendo “alcanzar fácilmente más de 41 Gt en 2030”. Y advierte que deberían caer por debajo de las 25 Gt en 2030 “para evitar que la concentración atmosférica sobrepase las 450 ppm (partes por millón) de CO2”, que es “el nivel máximo con el que los científicos opinan que se podría mantener el calentamiento global con un incremento de temperatura de 2 grados centígrados para evitar así consecuencias más catastróficas”.

¿Cómo conseguiremos mantener la concentración mundial de C02 en la atmósfera por debajo de las 445 ppm? “Únicamente con energías renovables y medidas de eficiencia energética”, responde IRENA, en línea con la iniciativa Energía Sostenible para Todos (SE4ALL) lanzada por Naciones Unidas en 2011. La meta del informe es duplicar la cuota de energías renovables en la matriz energética global hasta superar el 30 por ciento en 2030. Para ello, sostiene, será necesario sustituir el uso de combustibles fósiles en la generación eléctrica (con el objetivo de alcanzar una cuota del 44 por ciento en ese sector) y en los tres sectores de uso final: edificios (38 por ciento), industria (26 por ciento) y transporte (17 por ciento).

“El argumento económico para una transición a las energías renovables se vuelve aún más convincente cuando se incluyen los beneficios socioeconómicos, tales como la mitigación del cambio climático, los efectos en la salud y la creación de empleo. Una cuota elevada compuesta por una gama de energías renovables ofrece flexibilidad, aumenta la independencia energética y hace que el suministro de energía en su conjunto sea más fiable y asequible”, concluye la Agencia Internacional de las Energías Renovables (IRENA).

Publicado en: Energía & Minería
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