La progresión de un Islam radicalizado

Europa experimenta grandes desafíos en materia humanitaria al atravesar atentados terroristas y recibir la explosión migratoria de los refugiados sirios. Hasta dónde se extienden las raíces del problema y cuáles son los caminos a transitar. Escribe Jesús Fernando Taboada

Por Jesús Fernando Taboada. Embajador (R) Fue representante argentino en Túnez

Esta misma revista tuvo a bien publicarme, en su edición N.º 101 del mes de marzo de 2015, un artículo titulado “¿Hacia una islamización de occidente?”, dondeexplicaba los progresos de esta fe en el mundo, destacando la radicalización que se observaba en determinados sectores,tanto en su implantacióncomo enla aplicación de principios que afectaban incluso a los no creyentes.

Dicho artículo preserva su vigencia e incluso –perdón por la inmodestia– fue premonitorio de la situación actual, que se encuentra agravada por distintos aspectos. Vemos hoy que la progresión radicalizada del Islam alcanzaciertos países de África, como Egipto, Libia y Mali;que las luchas religiosas se añaden a la cada vez más cruenta guerra en Siria, a la violencia desatada por el Estado Islámico, que no respeta fronteras ni límites morales, a la diáspora de civiles inocentes que lleva al problema que hoy aqueja al mundo: el creciente número de refugiados que está asolando aOccidente, drama que supera todo entendimiento y está generando incluso un creciente reverdecer de reacciones de extremismo xenófobo.

Debemos ahora agregar la irrupción de la República Islámica de Irán, que ha obtenido reconocimiento internacional y logrado imponerse como potencia trascendente en el ya complejo campo del Medio Oriente, donde continúa sin solución el tema de Palestina, la progresión del avance de las colonias judíasen Cisjordania y la brega por la soberanía de Jerusalén, tópicosque constituyen un eterno revulsivo en el mundo árabe, sin distinción de identidades o simpatías religiosas.

Irán ha sido reconocido por su importancia comercial, y aquí podría aplicarse aquel viejo refrán castellano que reza“por la plata baila el mono”,pues es dable destacar la sumisión del gobierno italiano, cuando evita la presencia del vino en las recepciones en honor de Hassan Rohuaniy recubrelas estatuas del Renacimiento que exhiben a efebos y venus en desnudos irritantes anteclérigos que no han hesitado en violencias mayores. Esta es simplemente una imposición lógica de un cliente potencialmente voraz que dará aliciente a las alicaídas economías europeas. La venta por parte de Francia de 118 Airbuses y los contratos con Italia permiten aventar todas las críticas al rigor de los propios principios, que en aras de estos beneficios bien pueden arriarse sin vergüenzas en consideración al mero oportunismo comercial.

La presencia del Islam como elemento de controversia no puede reducirse solamente a una contienda de culturas ni a un choque de civilizaciones. Los ideales religiosos por propia esencia deben encontrarse fundamentados en principios morales y de generalizado obrar por el bien común. Aceptemos, pues, que las religiones no se confrontan, perotriste es reconocer que sus apologistas–sean meros seguidores o ministros de los respectivos cultos– suelen serquienes contradicen en las lides espirituales y teológicas, siendo a veces estas las que adquieren virulencia y agresividad en defensa de sus propios puntos de vista. Esta intolerancia se ha visto frecuentemente en la historia de la humanidad y ha sido una de las resultantes del colonialismo europeo, que finiquitara en los años cincuenta del siglo pasado y cuya consecuencia no deseada han sido las migraciones norafricanas hacia centros de atracción económica, que generaron presencias de difícil integración conla consecuente marginación social. Esta constituye la base de los irredentismos religiosos y la defensa de estas minorías provocóenfrentamientos, motivando una mayor radicalización religiosa

Esa tendencia encontró sostén en la lucha contra la URSS en Afganistán, donde el irredentismo religioso debió enfrentar la laicidad del comunismo y desencadenó una revuelta que incluso contó con el apoyo de los Estados Unidos, que dio origen a los talibanes y con ellosa las bases donde abrevarían Al-Qaeda y los restantes movimientos ultrarreligiosos que optaron por la vía de la violencia. Ellos, a su vez, arrastraron a las juventudes desarraigadas de origen islámico que se veían postergadas o humilladas en las urbes europeas, motivando esa Yihad que hoy acecha dondequiera y provoca el temor de todos, ya que las agresiones son indiscriminadas, sorpresivas e inesperadas, puesto que no cabe discernimiento para determinar cuáles serían los objetivos a atacar.

La historia nos indica que las relaciones entre los países europeos y los del mundo islámico han sido tensas y complejas. Ellas históricamente tenían como objeto la brega por el control del Mediterráneo, área esencial y de gravitación que no ha perdido su importancia.

A la muerte de Mahoma, en el año 632, siguió una progresiva expansión del Islam que dio comienzo al antagonismo religioso por una hegemonía del orbe entonces conocido. Las corrientes de conquista se concretaron hacia Asia y el norte de África. Basta decir que el Islam se asentó hasta en el corazón mismo de China y en la totalidad de la ribera sur del Mediterráneo, permitiendo que en el 712 cruzara a España, para ser detenido en las batallas de Covadonga y Poitiers, que marcaron el máximo alcance del oeste europeo. La caída de Constantinopla y la expulsión de los árabes de España en 1492 son dos hechos delimitantes de las respectivas órbitas de influencia, que luego han sido mantenidas básicamente sin mayores modificaciones.

El Islam, considerado como concepción global del concepto de vida,subsume su creencia en la articulación de imponer una sociedad religiosa integral previa a la noción de Estado, que debe ser el reflejo de aquella, en tanto Occidente establece la prioridad del Estado y aplica en esencia aquello de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios;dicotomía aún pendiente de concreción en el mundo islámico.

La lucha entre el Islam y la Europa cristiana se fundamentó en las creencias de los respectivos partidarios de las divergencias de fe para imponer lo que consideraban su propia y exclusiva verdad. San Agustín ya afirmabaque la defensa de la verdadera fe es la promotora de la guerra que se opone a la lección del Corán que predica el esfuerzo en el camino de Alá, antagonismos que lamentablemente aún perduran.

El renacer del islamismo radicalizado encontró en sus minorías de Europa fermento favorable, principalmente en poblaciones marginales, postergadas y reducidas a labores menores que fueron recuperadas por ideólogos enfervorecidos por el retorno a prácticas religiosas consideradas auténticas y a una revisión de principios antagónicos alliberalismo político, cultural y social que caracterizan las actuales costumbres de Occidente.

La situación actual tiene como elemento desencadenante lo que candorosamente se denominó “la Primavera Árabe”, iniciada en la República Tunecina como reacción al despotismo y la corrupción de un régimen autocrático, que luego se expandiera como reguero de pólvora por toda la cuenca del Mediterráneo y cuyas consecuencias aún se encuentran desencadenadas y sin solución, provocando violencias generalizadas y conflictos quehan generado el millón y medio de refugiados que hoy constituye el mayor desafío al humanismo occidental.

Ese desesperanzado anhelo de democratización del mundo árabe ha derivado en terribles decepciones. Los jerarcas que servían de contención al islamismo radicalizado, como Ben Alí en Túnez, Mubarak en Egipto y Gadafi en Libia, fueron destituidos y sus herederos no provocaron mejoras en la vida cotidiana de dichos países. Salvo Túnez, donde una democracia precaria y sustentada por el apoyo de países occidentales que velan por preservar la noción de posible desarrollo democrático en la región, los restantes no evidencian mayores progresos. Egipto se ha renovado con una casta militar que no logra desprenderse de la búsqueda de los privilegios. Libia es un desastre total que sirve de base de actuación de elementos terroristas que agreden a sus vecinos y posterga toda ventaja a una población que sigue sufriendo los dolores de la violencia más irracional. Ni que decir de Siria, donde Bachar al Assad ha recuperado prestigio frente a una dispersión total de una oposición incapaz de aportar soluciones a un conflicto que se expande y abreva la irracionalidad del Estado Islámico, ya establecido como potencia a definición geográfica y política, dando pie con su perseverancia en el poder aun revival de la Guerra Fría entre Rusia y los Estados Unidos. La sinuosa situación en Irak y Afganistán, donde las tropas estadounidenses se retiraran autoconvencidas de sus logros proinstauración de la democracia, constituye un capítulo pendiente y da pie a previsiones objetivamente negativas.

Los temas políticos que absorben la mayoría de las primeras planas referentes a la situación del Medio Oriente esconden las realidades económico-sociales de la mayoría de los países. Estos se encuentran aquejados por una desocupación creciente, una merma de sus respectivas producciones, déficits fiscales y disminución de sus PBI, motivando un panorama que alienta la migración económica, que se adiciona a la relacionada con causas bélicas y de inseguridad.

Occidente hoy contempla azorado la llegada de millares de refugiados, unos de ordenpolítico, otros que escapan a las razzias de sus oponentes, los más, al terrible conflicto sirio, que se agregan a los múltiples que escapan en pos de un futuro más venturoso y que ven en Europa el símbolo de sus mejores aspiraciones. Refugiados que fueran en un comienzo receptados en franca bienvenida y que al multiplicarse y no cesar su fluir están motivando un cambio de opiniones, que recupera viejos rencores y egoísmos al ver vulneradas sus fronteras, acalladas sus propias fuentes de trabajo, incrementados su impuestos para atender tantos fugitivos. Esta situación incluso altera los principios básicos de la Unión Europea, como eran la libertad de circulación personal entre sus miembros, que ahora consideran derogar los acuerdos de Schengen que la garantizaban.

Toda esta situación conlleva el resurgir de sentimientos de xenofobia primaria que se canaliza en recientes votaciones a favor de partidos extremistas que se expanden en toda Europa y que sensibilizan las opiniones divergentes que llegan incluso a conmover la aparente unidad del continente. Hoy, los países piensan en sus propios problemas y resignan los más ampulosos, que tendían a la consolidación de una unidad que se ve resquebrajada por el fluir de una marea de desamparados que inquietan, o al menos deberían inquietar, la conciencia de los pueblos civilizados.

Actualmente, este panorama se ve condicionado por la recuperación del prestigio y de la fuerza de Irán, quien con su determinación política aspira a convertirse en el paladín de la rama chiita del Islam y contraponerse a la progresión de su gran adversario, la obsoleta monarquía saudita, desempeñándose ambas en los respectivos líderes de la disidencia islámica.

En el artículo que mencionara al comienzo, sostenía ya en marzo de 2015 la conveniencia de que nuestra futura política exterior reafirmase en forma clara e indubitable su crítica al accionar violentodel Estado Islámico, alejándonos de toda empatía con ellos y buscando coincidencias con el núcleo de naciones que se encuentran coaligadas en una lucha en la cual debemos aportar más que sostén moral, pues está en juego el futuro de diversas minorías, así como de las comunidades cristianas del Medio Oriente.

Nuestra presencia en el Foro Económico Mundial de Davos, así como las diversas manifestaciones de los nuevos responsables de nuestro gobierno, coinciden en demostrar el retorno no solo a la normalidad sino a la tradición de nuestro país, que usualmente ha sido asilo y lugar de nuevos desarrollos de todos los sufrientes que estén animados de emprender la senda del progreso y del bien, y a la vez ha sido puerto de paz y de interrelación religiosa que se ha dado armónicamente.

La islamización de Occidente no debería ejercer temor si fuese por la vía del diálogo, del consenso y de la mayor tolerancia, pero también del respeto de las identidades propias, ya que la sumisión a estos avances no generará más que mayores peligros. La subsistencia de la cultura occidental, a la que pertenecemos con derecho propio, requiere conocer y evaluareste proceso y condenar enérgicamente toda tentativa a recurrir a la violencia y la intemperancia de falsos iluminados que aspiran a retroceder el concepto de la historia.

Medio Oriente constituye una probeta de ensayo ejemplificadora de los males que podrían ocurrir en el mundo, lo cual obliga a no cerrar los ojos y permitir con la indiferencia o comodidad el progreso de fuerzas que surgen del Medioevo y que están cargadas de resentimientos y de odios,con el fin de alterar el futuro del orbe.

Publicado en: Actualidad, Defensa & Seguridad
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