Argentina y sus relaciones con EE.UU.: La visita de Obama

A partir de la victoria a nivel nacional y en la provincia de Buenos Aires (con el elemento de gobernabilidad que ello aportó), se han venido escuchando reflexiones de advertencia provenientes de ámbitos como el académico, político y de movimientos sociales sobre los riesgos de que el nuevo gobierno argentino produzca un giro hacia un “alineamiento carnal” 2.0. Básicamente, se hace referencia a un fuerte énfasis en la articulación de relaciones fuertes y cooperativas con los Estados Unidos. En el caso de que estas advertencias sean hechas desde la chicana política, no tiene mucho sentido hacer una reflexión al respecto dado que, en este plano, el análisis y los antecedentes históricos no tienen mayor utilidad para los profieren estos comentarios. Por ello, nos dirigiremos a aquellos que lo hacen desde la buena intención y la búsqueda de soluciones mejores a las que ellos ven para los lineamientos internacionales de nuestro país.

Obama

En primer lugar, cabría –más allá de que sea tan políticamente incorrecto como recordar la propensión de muchos antiyanquis argentinos a ahorrar en dólares, a incluir palabras en inglés en sus charlas cotidianas, en la mayoría de los casos sin saber correctamente el idioma, y a disfrutar de Miami y Nueva York– remarcar que la política exterior de un caudillo del interior del peronismo como Menem en 1989 se basó principalmente en dos realidades básicas. Una fue el colapso económico existente en un escenario de hiperinflación y demanda social para controlar a cualquier precio y, la otra, el colapso del modelo soviético, incluyendo el paso de China hacia el capitalismo 10 años antes, en 1979. Debemos recordar que, nos guste o no, todo ese proceso fue respaldado por sucesivas victorias, en 1989, 1991, 1993, 1995, etc., especialmente en las áreas con población de clase baja y media baja.

Pero quizás lo más importante al repasar ese período sea recordar (Youtube e Internet son muy útiles para tener una visión clara y contundente) que muchos de los principales protagonismos de las críticas más duras a esa etapa que se dan desde sectores peronistas y de izquierda aliada al peronismo pos 2003 tuvieron una posición como mínimo dócil o como máximo de claro y neto apoyo a los lineamientos de Menem. En especial, entre 1989-1995, cuando el poder electoral del expresidente y su entonces aliado Eduardo Duhalde mostraban su máxima expresión.

Varios –para no decir muchos– de los baluartes del ideario bolivariano, progresista y hasta marxista distaron de estar en la vereda de enfrente del presidente Menem. Un argumento enternecedor es que en realidad se oponían… pero en silencio, y esperando a tener poder para aplicar su ideario de izquierda y cuasi antioccidental. De más esta decir que este argumento se podría sumar a Santa Claus y los tres Reyes Magos, con la desventaja de que estos últimos dos son preciosas joyas del sistema de creencias de niños y no de adultos.

Tal como comentamos en un previo artículo sobre “un GPS” para la política exterior de Macri, la configuración de poder del sistema internacional actual dista de ser un calco de la de 1989. Aquel mundo unipolar ha dado lugar a una configuración más claramente multipolar en lo económico. Los rasgos unipolares aún presentan cierta vigencia en el plano estratégico-militar, en donde el gasto en Defensa de los Estados Unidos es al menos tres veces o poco más que el de China y 10 veces el de Rusia. Pero este dato impactante no implica omnipotencia ni resultados asegurados, como demuestran las dos largas y desgastantes guerras de guerrillas y terrorismo que la superpotencia enfrentó y enfrenta en Irak y Afganistán. Como dicen los manuales de contrainsurgentes, sean americanos, franceses o soviéticos, en un conflicto asimétrico como estos el mero hecho de que los rebeldes y terroristas no pierdan (sin que necesariamente ganen) ya transforma ese resultado en más que óptimo. Ello llevó a que Francia se retirase de Argelia a comienzos de los 60, Estados Unidos de Vietnam en 1975 y la URSS de Afganistán en 1989. El renovado desafío que representa justamente hoy el Estado Islámico en Siria e Irak para Washington, París y Moscú es otro ejemplo de las limitaciones de la supremacía militar convencional y nuclear para lograr rápidos y contundentes resultados frente a ciertos tipos de actores no estatales y amenazas transnacionales.

Asimismo, en el frente económico-financiero, la crisis que tuvo como epicentro Wall Street en 2008, así como las turbulencias y serias dudas que generan las burbujas inmobiliarias en China son una clara demostración de las limitaciones que existen también en estos planos tan sensibles y que hacen al órgano más sensible del ser humano, como decía Perón: el bolsillo.

Una política exterior argentina para la próxima década no tiene ningún incentivo ni material simbólico para repetir lo que se hizo hace más de dos décadas, con amplio consenso social y de la élite política del peronismo de aquel entonces, que hoy con canas y algunas arrugas más o menos sigue estando presente. Por eso, no hay riesgo de un alineamiento carnal. En todo caso, tal como en diversos artículos ha explicado en detalle Roberto Russell, una de las mentes de las Relaciones Internacionales más brillantes de la Argentina, lo ejecutado por la diplomacia criolla entre 1989 distó de ser una postura simplista y limitada a subordinarse a Washington. Sí podría haber un cierto desandar de otra relación carnal que venía viéndose en el último lustro, pero esta vez con China (en palabras de Scalabrini Ortiz, la idea no es cambiar de collar sino dejar de ser perro), ya sea por búsqueda de financiamiento o para dejar contenta a la tribuna ideológica –chica pero siempre activa–, de mostrarle que si había endeudamiento era con los herederos de Mao y no con Wall Street.

Un análisis más profundo mostraría que poco, para no decir nada, queda del ideario maoísta económico en la potencia asiática hoy. La articulación de una relación estratégica con Brasil iniciada por Alfonsín, la integración con Chile, la potenciación de las masivas inversiones europeas en las privatizaciones son un ejemplo de que lo hecho desde 1989 no se limitó a un vínculo unidireccional con la potencia unipolar. Pero, como comentamos previamente frente a los clichés y chicanas políticas, la explicación y la historia no tienen ninguna utilidad. Como dice la canción, “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.

Publicado en: Opinión
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