Argentina y China: 45 años de relaciones bilaterales

Con su reciente visita a China, el presidente Mauricio Macri, reafirmó la voluntad nacional de profundizar un vínculo bilateral que presenta grandes oportunidades pero también serias amenazas al desarrollo de la Argentina.

El presidente Mauricio Macri realizó en mayo su primera visita oficial a China, en momentos en que se cumplen 45 años del establecimiento de las relaciones bilaterales entre ambos países. Argentina fue uno de los 28 países cuyos jefes de Estado participaron en el foro Una franja, una ruta en el que Pekín mostró los avances en la red de autopistas, puertos y trenes que está financiando alrededor del mundo para garantizar que los productos primarios que China necesita lleguen a destino. Esto lo logra mediante préstamos millonarios a tasas bajas y plazos extensos, precisamente lo que Macri fue a buscar.

Durante el encuentro del presidente con su homólogo chino Xi Jinping, además de reafirmar la voluntad de profundizar el vínculo, se firmaron acuerdos, principalmente en materia de inversión en infraestructura y energía. Según declaraciones de la canciller Susana Malcorra al finalizar la gira, se trata de un plan de trabajo a cinco años, con inversiones chinas por un monto potencial de 32.000 millones de dólares. En este viaje se retomaron los compromisos acordados por ambos países durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, puestos en duda al asumir Macri, quien en aquel momento los calificó de poco transparentes. Además, se sumaron aspectos nuevos, como el impulso al turismo entre ambos países y un memorandum de entendimiento para la cooperación en fútbol.

Al finalizar la visita, Macri anunció que para 2018 y 2020 se acordó la construcción de dos reactores nucleares en las provincias de Buenos Aires y Río Negro entre la compañía estatal China National Nuclear Corporation y la argentina Nucleoeléctrica (CNNC), por un monto aproximado de 12.000 millones de dólares, con un 85 % de financiación del gobierno chino, por un plazo de 20 años y un período de gracia de ocho.

También en materia energética se aprobó la construcción de una planta fotovoltaica con capacidad de producción de 300 Mw en la provincia de Jujuy, mediante un crédito chino de 400 millones de dólares. La energía verde es un eje importante en la política de inversiones chinas. El año pasado, al cierre de la primera ronda del plan de energías renovables del gobierno nacional, RenovAr, casi la mitad de los proyectos eólicos y tres cuartas partes de los solares que resultaron ganadores cuentan con capital o tecnología china.

Macri también suscribió la renovación de los ferrocarriles San Martín, para unir los puertos de Rosario y Buenos Aires con Cuyo, y del Belgrano Cargas, que conecta a las provincias del norte con los puertos de Rosario. Se invertirá 2.400 millones de dólares con el objetivo de modernizar más de 1.600 kilómetros de vías férreas y abaratar los costos internos de las materias primas de exportación. El financiamiento acordado, proveniente del Eximbank, incluye una tasa de 3 % anual, por un plazo de 20 años con 5 de gracia. Lo más destacado de este proyecto es que la participación de bienes y servicios de origen nacional será del 72 %.

Entre los 21 acuerdos firmados entre ambos países, se pactó: la facilitación de visados para viajes de turismo y negocios de ciudadanos chinos, planes de promoción de las inversiones, cooperación en materia de sanidad y seguridad alimentaria, y la puesta en marcha de un protocolo de requisitos para la exportación de uvas argentinas, entre otros. Además, Argentina solicitó formalmente el ingreso al Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII), impulsado por China, con un capital inicial de U$S 100.000 millones.

Sin embargo, las negociaciones no pudieron avanzar sobre las represas hidroeléctricas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic en Santa Cruz, otro de los ejes más importantes de la visita. Su construcción con financiamiento chino fue acordada en 2014, pero el proyecto fue frenado, a la espera de la evaluación de impacto ambiental. “Esperamos que la Justicia dé el visto bueno para poder arrancar la obra cuando termine el invierno”, expresó Macri tras reunirse con el director general del grupo chino Gezhouba, a cargo de la megaobra.

La canciller Susana Malcorra, en un comunicado de prensa, detalló que el ministro de Energía Juan José Aranguren llevó ade – lante una revisión de los contratos firma – dos por el gobierno anterior, un proceso que, aclaró, ya está completado, al igual que el estudio de impacto ambiental soli – citado por la justicia, al que solo le falta la conclusión, que incluye audiencias públicas. “Todo esto se le ha explicado al gobierno chino diciendo que estimamos que en un tiempo prudencial quedará terminado el trabajo que está pendiente”, aclaró la funcionaria.

Para Sergio Cesarin, sinólogo, investigador del CONICET y docente de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF), la visita del presidente Mauricio Macri viene a “cerrar una etapa signada por una ‘agenda impuesta’ de proyectos y condicionalidades financieras para trabajar sobre la base de una nueva agenda orientada hacia la recepción de selectivas inversiones productivas, reducir la dependencia financiera, ajustar los nuevos proyectos a estándares medioambientales y promover alianzas tecnológicas entre firmas de ambos países, todo un campo aún casi o nada explotado”. El especialista sostuvo que las relaciones entre ambas naciones están “a un muy buen nivel”, con participación de actores gubernamentales nacionales y subnacionales pero también de asociaciones profesionales, laborales, instituciones académicas y líderes de partidos políticos.“Los avances puntuales pasan por el reordenamiento de la agenda”, añadió.

Durante su visita, el presidente argentino habló ante más de 500 empresarios en el Foro de Negocios e Inversiones Argentina-China y se refirió a los 45 años de relación diplomática. “Hoy ya China es el segundo socio comercial e importante inversor. Como Presidente pienso que lo que viene es mucho más importante que lo que sucedió en el pasado”, aseguró.

UN VÍNCULO PRAGMÁTICO

En 1972 se establecieron por primera vez lazos diplomáticos plenos entre la Argentina y China, durante el gobierno del general Lanusse. A partir de allí, la relación bilateral se afianzó y se amplió a nuevas áreas, como consecuencia del creciente interés chino en la región, y de la Argentina en profundizar los vínculos con quien se convirtió en los últimos años en el segundo socio comercial y el principal sostén de la economía nacional a partir de la crisis financiera de 2008.

En los 80, China fue un factor importante en el proceso de reinserción de la Argentina después de la Guerra de Malvinas. En la cuestión del colonialismo, ambas naciones comparten posición frente a Gran Bretaña, a partir de las experiencias de Hong Kong y de Malvinas, lo que se tradujo en las últimas décadas en apoyo mutuo en el Comité de Descolonización de la ONU y en un respaldo clave para Argentina en este tema por parte de un miembro con poder de veto en el Consejo de Seguridad.

Desde entonces, las relaciones se profundizaron. Con su visita oficial a China, la primera de un jefe de Estado occidental después de Tiananmen, el expresidente Carlos Menem contribuyó con su apoyo a reducir el aislamiento internacional. En los 90 se multiplicaron los acuerdos comerciales pero también de cooperación en otras áreas.

Luego de la crisis de 2001, China se convirtió en un factor crucial para la reactivación económica argentina, particularmente a partir de la creciente demanda china por materias primas. De acuerdo con datos de la consultora DNI, en 2001 China solo compraba el 5 % de las exportaciones argentinas, mientras que en 2010 ese porcentaje se duplicó hasta llegar al 10 %. Además, Pekín también se convirtió en un salvavidas a nivel financiero durante la última década, cuando Argentina perdió el acceso a los mercados internacionales de crédito.

En 2004, de acuerdo con un relevamiento del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), ambos países llevaban suscriptos 53 acuerdos de distinto tenor, que abarcaban campos muy diversos, como el comercial, el cultural, el marítimo, el financiero, el energía nuclear, entre otros).

En ese mismo año, durante la visita del mandatario chino Hu Jintao, el entonces presidente Néstor Kirchner suscribió el Memorandum de Entendimiento sobre Cooperación en Materia de Comercio e Inversiones, en el cual reconoció a la República Popular China como una economía de mercado, sin embargo, el Congreso no lo ratificó y siguió considerando al socio comercial como una economía en transición. Este tema vuelve hoy a estar en el foco de atención ya que en diciembre de 2016 se cumplieron 15 años del ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y se venció el plazo pactado para otorgarle el reconocimiento de estatus de economía de mercado. Hasta ahora, Pekín se regía por el criterio de país sustituto, que implicaba que en casos de denuncias de dumping, podían aplicar tarifas antidumping, con el argumento de que los precios de China no reflejaban la realidad del mercado. Este enfoque expiró.

Algunos miembros de la OMC ya la han reconocido, mientras que otros no lo han hecho o incluso han afirmado, como EE. UU., que no lo harán. La Argentina aún no se ha expresado al respecto. “Si se resuelve la situación en favor de que sea considerada economía de mercado, prosperarán menos denuncias por dumping, y los industriales argentinos se verán desprotegidos”, señaló Ariel Slipak, economista y docente de la Universidad Nacional de Moreno.

El vínculo que la Argentina mantiene hoy con China tiene su antecedente directo en los acuerdos firmados en 2014, durante la visita de Estado del presidente Xi Jinping, cuando ambos países conformaron una alianza estratégica integral. Se trata de una categorización definida por el gobierno chino que implica el predominio de relaciones de cooperación no solo en aspectos políticos sino también científico-tecnológicos, militares, culturales, deportivos, etc. Además, se buscó reformular los vínculos comerciales.

También en esa ocasión se suscribió además un plan de acción conjunta para el fortalecimiento de dicha alianza, que constituye la hoja de ruta que la presidenta Cristina Kirchner siguió en su visita a Pekín en 2015, al igual que Mauricio Macri, en su reciente visita oficial. “Hemos reconfirmado nuestro plan de trabajo de asociación estratégica bilateral, lo cual muestra que lo que estamos haciendo va en el camino correcto, desde el respeto mutuo, desde el entendimiento, ambas partes vamos a hacer las cosas en función de nuestras prioridades y nuestros intereses, y a encontrar los espacios en común”, sostuvo la canciller Susana Malcorra tras reunirse con el ministro de Asuntos Exteriores de la República Popular China, Wang Yi.

DE EXPORTACIONES E INVERSIONES

Conseguir inversiones en infraestructura y avanzar en estrategias para intentar reducir el abultado déficit comercial fueron dos de los objetivos principales del viaje de Macri a Pekín.

En la década pasada, las ventas argentinas a China experimentaron un notable crecimiento, que llegó a su fin en 2011, año en que las exportaciones a este destino equivalieron a 6.237 millones de dólares, valor que nunca se logró recuperar desde entonces. En 2016 fueron de 4.661 millones de dólares.

Según cifras de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), en 2016 las exportaciones argentinas hacia China totalizaron unos 4.660 millones de dólares, siendo 14 % inferiores a las registradas en 2015. Se concentraron principalmente en porotos de soja (60 % del total exportado) y aceites crudos de petróleo (8 %). Por otra parte, las importaciones desde China, principalmente bienes de capital, también disminuyeron en un 11 % con respecto al año anterior.

El presidente Macri hizo referencia a la importancia de achicar el déficit comercial, pidió “ser creativos” para lograrlo. “Argentina produce alimentos para 400 millones de personas y esperamos duplicar eso en de 5 a 8 años; estoy seguro de que con la ayuda del empresariado chino lo podremos hacer”, sostuvo. Además, el presidente destacó la necesidad de que Argentina deje de ser “el granero del mundo para convertirse en supermercado del mundo, y agregarle valor a las materias primas”.

En diálogo con DEF, Slipak subrayó que desde 2013 se empezó a dar un viraje en los cuadros técnicos dentro del kirchnerismo, quienes veían que el tipo de vínculo comercial con China no solo traía déficit comercial sino la reprimarización de la economía. “No era solo que las importaciones eran muy competitivas y desplazaban a nuestros industriales, sino también la pérdida de mercados industriales de Argentina en países del MERCOSUR frente a China”, detalló.

A partir de 2014, se multiplicaron los acuerdos para diversificar las canastas de exportaciones primarias argentinas. “De 2003 a 2013, las exportaciones argentinas se concentraban en un 80 % en poroto de soja, aceite de soja y petróleo. En 2014 y 2015 se avanzó en protocolos para exportar carne con hueso, sin hueso, trigo, sorgo, aunque siempre se trató de manufacturas basadas en recursos naturales y productos primarios, nada con mayor valor agregado”, detalló el economista.

Para Cesarín, “Argentina ha hecho y hace esfuerzos para compensar diferenciales, pero no puede competir (por factores internos propios y de China) con una matriz de producción manufacturero-industrial con los niveles de competitividad por menores costos y escala como la de China”. El sinólogo subrayó sin embargo que este dilema no es exclusivo, sino que afecta a las economías latinoamericanas en general y también a Europa y los EE. UU. “En mi opinión, la superación de este neo esquema centro-periferia como suele presentarse, puede ser moderado pero no saldado”, aseveró.

Pero además de ser el principal consumidor mundial de energía eléctrica, cobre, acero, carbonato de litio, poroto de soja, azúcar, bananas, café, entre otros productos primarios, China es el tercer emisor de flujo de emisión extranjera directa, con unos dos billones de dólares emitidos al exterior en 2016.

Si bien China es el segundo inversor en América Latina, después de EE. UU., en valores que el propio presidente Xi estimó que llegarán a los 2,5 billones de dólares en los próximos diez años, el gigante asiático está en el puesto número 18 del ranking de inversores extranjeros en Argentina.

Las inversiones de China en el mundo tienen dos objetivos: infraestructura para asegurar que los productos primarios que importa lleguen a destino, por ejemplo, con la expansión de corredores biocéanicos en la región; y energía, con especial énfasis en los últimos años en la energía verde.Sin embargo, a futuro, los fondos pueden dirigirse a proyectos que no necesariamente sean convenientes para las economías receptoras.

“China va a migrar fuera de su territorio, a Sudamérica y África, los procesos productivos que sean emisores de dióxido de carbono e intensivos en el uso de agua”, advirtió Slipak, a la vez que expresó su preocupación por lo que consideró un bajo interés del gobierno argentino en el impacto ambiental de los proyectos chinos. “La Argentina en particular tiene por delante una labor enorme en la construcción de rutas, puentes, puertos y aeropuertos que nos vinculen. Los chinos tienen capacidad de hacerlo. Ya hay muchas empresas que apostaron a la región y espero que hoy encontremos muchas más que quieran venir a invertir”, sostuvo el presidente Macri en uno de sus discursos desde la capital china.

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