La crisis del agua

La escasez de agua, así como la falta de acceso a agua segura, son problemas que afectan a todo el planeta, potenciados por una combinación de factores, naturales y causados por el hombre.El diagnóstico de esta crisis mundial, la situación argentina y las soluciones que ya se empiezan a implementar, en este informe. Por Nadia Nasanovsky. Fotos: AFP y F. C.

La crisis del agua, lejos de ser una amenaza futura, es una amarga realidad para los 700 millones de personas en el mundo que no tienen acceso a agua potable, y muy pronto, en unos diez años, ese escenario se extenderá hasta alcanzar a 1800 millones de personas, que se encontrarán en situación de escasez grave de agua, de acuerdo con datos de las Naciones Unidas.

Para 2050, la población global pasará de los 7600 millones actuales a 9800 millones. Pero este aumento cercano al 30 % se estima que se traducirá en un incremento en el consumo de agua del 50 %. Es una tendencia que se profundiza: a lo largo del siglo XX, mientras la población se triplicó, el consumo de agua a nivel mundial se sixtuplicó. La Organización Meteorológica Mundial (WMO por sus siglas en inglés) predice que si no hay cambios en los patrones actuales, en 2025 dos de cada tres personas vivirán en condiciones de estrés hídrico. Es decir, la humanidad está consumiendo agua a un ritmo insostenible.

Pero no todos lo sufren ni lo enfrentan de la misma manera. “El problema del agua es muy local, cada área, incluso dentro de un mismo país, tiene su propia situación en relación al agua”, explicó a DEF Leah Schleifer, especialista en Comunicación para el Programa de Agua del World Resources Institute (WRI). “La crisis global solo puede ser abordada a nivel local”, añadió. 

A partir del análisis de múltiples variables como la ocurrencia de inundaciones, las sequías, el acceso al agua potable, entre otras, los investigadores del WRI analizaron el estrés hídrico que experimenta cada país y a partir de ello elaboraron un atlas interactivo, Aqueduct, que revela que los efectos de la escasez de agua se sienten con mayor severidad en el norte de África, Medio Oriente, India, el Cáucaso, Mongolia y parte de China.

El proyecto considera que una región está bajo estrés hídrico cuando su demanda de agua es alta en relación a la oferta disponible, una situación cada vez más habitual. “Estamos usando más agua de la que se puede reponer”, señaló la especialista. “Las dos razones principales detrás de esta crisis son el cambio climático y el crecimiento socioeconómico, esta combinación está haciendo que la oferta de agua sea menor que la demanda”, aseveró.

De acuerdo con las proyecciones del WRI, el ranking de los países que enfrentarán mayor estrés hídrico en 2040 si las condiciones actuales se perpetúan está encabezado por los Estados del Golfo, Bahréin, Kuwait y Qatar, Emiratos Árabes Unidos, que también comparten el primer lugar con San Marino y Singapur.

En esta lista, para el año 2040, Argentina aparece en el puesto 65, con un estrés hídrico considerado medio a alto. En cuanto a América Latina, Schleifer señaló a la degradación de los suelos y las sequías como dos de los factores que más contribuyen a agravar la crisis.

La escasez de agua podría costarle a algunas regiones, como África y Medio Oriente, hasta un 6 % de su PBI, así como provocar procesos de migración masiva y tensiones regionales, de acuerdo con un informe del Banco Mundial de mayo de 2016.

Pero la gravedad de la crisis, no solo por la escasez de este recurso vital sino sobre todo por la contaminación de los cursos de agua, a donde se arrojan unos 2000 millones de toneladas de desechos humanos a diario, cobra verdadera dimensión cuando se analiza su impacto en la salud humana.

De acuerdo a estadísticas de Unicef, 88 % de los casos de diarrea en el mundo son atribuibles al agua no segura, saneamiento inadecuado o higiene insuficiente. Diariamente mueren 4000 niños por enfermedades causadas por la contaminación del agua y la falta de saneamiento y cinco millones de personas al año sufren de tracoma, una enfermedad contagiosa que provoca ceguera, algo que se previene con solo lavarse la cara con agua limpia.

Las consecuencias de la falta de agua segura también llegan a afectar el nivel educativo de la población. Un informe de Unicef de 2010 revela que en 60 países en vías de desarrollo más de la mitad de las escuelas primarias no cuentan con infraestructura de agua adecuada, y casi dos tercios carecen de saneamiento adecuado. “Millones de chicos en países en vías de desarrollo van a escuelas que no tienen agua potable o letrinas limpias, cosas básicas que muchos de nosotros damos por sentado”, expresó Sigrid Kaag, director de Unicef para Medio Oriente y el Norte de África durante la presentación del documento.

Por otra parte, además de los niños, las mujeres también son las que más sufren la escasez de agua. “El problema del agua agrava la discriminación de género, ya que encargarse de su provisión para el núcleo familiar se convierte en una prolongación de los menesteres domésticos”, sostuvo Aníbal Faccendini, fundador y director ejecutivo de la Cátedra Libre del Agua de la Universidad de Rosario, espacio único en su tipo. Millones de mujeres y niñas en el mundo abandonan sus actividades y su escolaridad para ir a buscar agua a lugares alejados, algo que les lleva la jornada entera y las deja sin posibilidad de desarrollarse.

Una cuestión de seguridad

Se trata de una crisis que también impacta negativamente en la seguridad internacional. En 2011, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas reconoció al agua como el medio por el que el cambio climático va a demostrar con mayor fuerza sus efectos y advirtió sobre las implicancias para la seguridad global. En aquella oportunidad, el entonces Secretario General de la ONU expresó: “Alrededor del mundo, cientos de millones de personas están en peligro debido a la falta de comida y agua, que amenaza las bases de la estabilidad local, nacional y global. La competencia entre comunidades y países por recursos escasos, especialmente agua, está en aumento, exacerbando antiguos dilemas de seguridad y creando nuevos”. La crisis del agua supone un riesgo a la seguridad global y reconocerlo es necesario para prevenir conflictos regionales, de acuerdo con la ONU.

“El agua y la seguridad están inextricablemente vinculadas en todas las regiones del mundo”, asevera Joshua Busby, profesor de Asuntos Públicos de la Universidad de Texas en Austin en un documento publicado por el Council of Foreign Relations. “Algunos de los Estados afectados por escasez crónica de agua también tienen una gobernanza deficiente, y algunos ya están experimentando conflictos”, se lee en el informe. Busby también destaca que si bien la violencia no es de ninguna manera inevitable, “es probable que los conflictos por el agua se vuelvan más severos en un mundo de casi 8000 millones de personas con aumentos en la demanda de agua, una creciente urbanización y con cambio climático”.

Pero los efectos más serios de la crisis del agua se observan a nivel subnacional. En la actualidad, la mitad de la población mundial vive en ciudades, y se espera que en 2050 los citadinos sean casi el 70 % del total. De acuerdo con el Banco Mundial, la combinación de aumentos poblacionales, aumento de los ingresos promedio y la expansión de las ciudades provocará un incremento exponencial en la demanda de agua, mientras que su provisión será cada vez más errática e incierta. En su informe, el organismo multilateral advierte que para 2050 la disponibilidad de agua potable en las ciudades podría reducirse en dos tercios con respecto a los niveles de 2015.

“El del agua es uno de los conflictos del siglo XXI que se desarrollarán fundamentalmente en conglomerados urbanos”, aseguró a DEF Faccendini. Desde la Cátedra abogan por “ciudades amables” en materia de agua. Por eso promueven en Rosario iniciativas simples pero significativas, como la instalación de bebederos públicos de agua segura, el acceso gratuito a jarras de agua en bares y restoranes y el derecho a sanitarios libres en instituciones públicas o privadas con funciones públicas.

Para el especialista, los problemas del agua revelan profundas injusticias sociales. “Si no hay un criterio ambiental inclusivo, las guerras van a ser por el agua y van a ser guerras clasistas, porque siempre en el mundo son los más pobres los que más sufren la escasez de agua”, advirtió. “Si no hay innovación y un abordaje desde el bien común, la situación en las grandes ciudades va a colapsar”, añadió.

Un derecho humano

El acceso al agua y al saneamiento fue reconocido formalmente como un derecho humano en 2010 por la Asamblea General de Naciones Unidas, entendiendo que cada ser humano tiene el derecho a tener acceso a suficiente agua para uso personal y doméstico (entre 50 y 100 litros de agua por persona por día), que sea segura, aceptable, asequible (no debe costar más de 3 % del ingreso familiar), y físicamente accesible (no deben estar a más de 1000 metros del hogar y juntarla no debe llevar más de 30 minutos). Previamente, en 2002, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, había establecido que “el derecho humano al agua es indispensable para llevar una vida con dignidad. Es un prerrequisito para ejercicio de otros derechos humanos”.

Por su parte, el papa Francisco, en su célebre encíclica Laudato Si’, advirtió sobre el agotamiento de los recursos naturales a partir del consumo desenfrenado, y su relación con el problema de la pobreza. En ese contexto, Francisco denunció la carencia de una administración adecuada e imparcial del agua, a la que definió como “indispensable para la vida humana y para sustentar los ecosistemas terrestres y acuáticos”, y como abastecedora de los sectores sanitarios, agropecuarios e industriales.

En la encíclica, el pontífice cuestionó además la “tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes del mercado” y destacó que se trata de un derecho humano básico, fundamental y universal, que determina la sobrevivencia de las personas. “Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable”, se lee en el documento.

Para Faccendini, Laudato Si’ “viene a consagrar el ambientalismo inclusivo, integral”. El catedrático sostuvo que Francisco logró “un salto cualitativo al incluir como problema ambiental el problema del agua y la pobreza, rompiendo así con la idea de que van separados, de que hay una fragmentación”.

La crisis del agua, y la necesidad imperiosa de remediar sus efectos, está ganando atención a nivel global. En la Agenda 2030 de la ONU, aprobada en 2015 por los Estados miembros, se definen 17 objetivos que buscan fortalecer una alianza global para el desarrollo sostenible, y el agua tiene en esta agenda un lugar de relevancia. El objetivo número 6 establece como meta para 2030 lograr el acceso universal y equitativo al agua potable a un precio asequible para todos. En mayo de 2017, la ONU estableció la Estrategia para el Agua Dulce 2017-2021, que sintetiza las áreas en las que la organización y sus agencias concentrarán sus esfuerzos para lograrlo.

Los países pueden neutralizar los efectos negativos de la escasez de agua si actúan para asignar y usar los recursos hídricos de manera más eficiente. De acuerdo con estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2010 se alcanzaron hitos a nivel global que marcan avances  en la dirección correcta. Desde 1990, 2600 millones de personas ganaron acceso a fuentes mejoradas de agua y 3100 millones accedieron a infraestructura de agua corriente. Además, el porcentaje de la población mundial con acceso a fuentes mejoradas de agua potable aumentó de 76 % a 91 % entre 1990 y 2015.

Argentina, con planes en marcha

En la Argentina, a diferencia de los países de Medio Oriente y África, la disponibilidad de agua no es el más grave de los problemas, pero sí resulta preocupante la falta de acceso a este recurso por parte de la población. De acuerdo con estadísticas de la FAO de 2005, en el país hay una disponibilidad por habitante de 20.940 m3 al año, sin embargo, un 17 % de la población no tiene acceso al servicio de agua potable, y más de la mitad de los habitantes del territorio no cuentan con desagües cloacales, de acuerdo con el último censo nacional de 2010.

Más allá de los números a nivel nacional, es importante destacar que el acceso al agua es muy desigual en las distintas provincias, y en particular entre las poblaciones rurales y urbanas. Por ejemplo, mientras que en la Ciudad de Buenos Aires, según el INDEC, el 100 % disfruta de agua potable y el 98 % de cloacas, en Misiones estos porcentajes descienden al 72 % y 19 %, respectivamente.

Pero la falta de universalidad en el acceso al agua no es el único problema en la Argentina. “Hay una falta de políticas públicas profundas, es necesario que vean más allá del acceso al agua, sino también cómo es que se accede. Muchas veces esto se confunde porque que haya redes de caños no significa necesariamente que el agua sea potable”, señaló Faccendini. “El gran problema es que en Argentina mucha gente toma agua con sedimentos de arsénico, sales, minerales. Los niveles de arsénico son muy altos en muchas zonas del país”, añadió.

De acuerdo con Faccendini, hoy cuatro millones de argentinos están expuestos a ser víctimas de Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico (HACRE), una enfermedad grave de larga evolución, provocada por la presencia de aguas de bebida contaminadas naturalmente con arsénico.

“Existen amplias áreas de nuestro país que registran cifras muy por encima de las máximas aceptadas para agua potable y que ponen a las poblaciones residentes en riesgo de padecer enfermedades dermatológicas, cardiovasculares y cáncer. El HACRE revela una doble condición: alta prevalencia y letalidad potencial, conformando un problema de salud de primer orden”, se lee en un informe del Ministerio de Salud de la Nación de 2011.

En este caso, nuevamente las poblaciones rurales son las más vulnerables, que carecen de acceso al agua potable de red, consumen agua sin ningún tratamiento y en general desconocen los riesgos mencionados.

Entre 2001 y 2010, un total de 2.149.186 de nuevos hogares se incorporaron a la red de agua potable, es decir, se pasó de un 78,4 % de cobertura al 82,6 %. En cuanto a la red de desagües cloacales, el censo 2010 mostró que 48,8 % de los habitantes disponen del servicio, mientras que en 2001 ese valor era de 42,5 %. El gobierno tiene como objetivo que en 2019 estos porcentajes sean del 100 % para el caso de agua potable, y del 75 % para las cloacas, apuntando a la universalización de los servicios para 2030, en cumplimiento con los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Para ello, en 2016 se puso en marcha el Plan Nacional del Agua, que incluye cuatro ejes principales: agua y saneamiento, agua para producción o riego, adaptación a los extremos climáticos y aprovechamiento multipropósito y biomasa.

“Se prevén 22 millones de dólares de inversiones, incluidos 13.400 millones para saneamiento. Hay muchas obras que encarar, en el menor tiempo posible”, explicó el Director Nacional de Agua Potable y Saneamiento del Ministerio del Interior, Obras Públicas y Vivienda, Juan Martín Koutoudjian, en un encuentro con empresarios israelíes en el que DEF estuvo presente. El funcionario enfatizó la necesidad de contar con inversiones con participación de empresas privadas para alcanzar las metas propuestas.

En la actualidad, añadió Koutoudjian, del total previsto, hay solo 4900 millones de dólares ya invertidos. El gobierno puso en línea una página web para registrar a las empresas que se encuentren interesadas, en la que, según detalló el funcionario, hasta el momento se recibieron consultas por 38 proyectos por un total de 9467 millones de dólares.

En el Plan Nacional de Agua, se detalla: “Al año 2019 se espera haber iniciado todas las obras necesarias que permitan alcanzar las metas de cobertura planteadas. Las obras a ser ejecutadas abarcan extensiones de redes de agua potable, acueductos, plantas potabilizadoras, estaciones elevadoras, extensiones de redes de recolección de líquidos cloacales, plantas de tratamiento de efluentes cloacales, emisarios y estaciones de bombeo troncales que permitan concretar la cobertura universal del agua para el año 2022”.

El documento prevé la mejora de la infraestructura “dura”, es decir, el aumento de la inversión en capital fijo, con énfasis en aquel de origen privado, así como un cambio de la infraestructura “blanda”, entendida como el marco regulatorio y las capacidades institucionales del Estado Nacional y de los gobiernos provinciales.

Publicado en: Actualidad
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