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El futuro tecnológico

¿Cuáles serán los mayores adelantos tecnológicos de la próxima década y qué impacto tendrán en nuestras vidasd cotidianas? De Big Data a los fascinantes adelantos de la nanotecnología.

¿Un nuevo milagro de la medicina?

La bioimpresión de prótesis de órganos y tejidos a partir de células obtenidas del propio paciente parece, al día de hoy, un escenario de ciencia ficción. Sin embargo, ya se han realizado las primeras experiencias a nivel internacional y este avance de la medicina podría ser una realidad de aquí a los próximos 30 años.

Sergei Brin: El otro lado de Google

Junto a Larry Page, integra una de las duplas más conocidas del ambiente tech de Silicon Valley. ?Quién es este ruso de nacimiento que ayudó a crear uno de los mayores imperios informáticos de la actualidad? DEF te lo cuenta…

Internet y el derecho a la privacidad

Brasil y Alemania presentaron en la ONU un proyecto de resolución sobre el derecho a la privacidad en la era digital.

El mundo según un hacker

Lejos de los estereotipos de los piratas informáticos y de las películas de Hollywood, el experto en redes y seguridad argentino Martín Katz, reconocido a nivel mundial, nos cuenta en qué consiste ser un hacker y cómo se maneja una empresa con esa filosofía.

“Estamos detrás de un cambio cultural”

Diego Noriega, general manager de alaMaula.com, el portal de clasificados online de eBay para Latinoamérica, cuenta cómo se hace para que una empresa nacida en Córdoba juegue en las grandes ligas de la compraventa en Internet. Por Juan Ignacio Cánepa / Foto: Fernando Calzada

Futuro 3.0

Hiperconectividad, manejo de volúmenes inconmensurables de información e inteligencia artificial son solo algunas de las características del porvenir tecnológico. Todo bajo un mismo factor común: Internet. El avance de la Web seguirá revolucionando nuestras vidas.

Internet en la Aldea Global


“Se resuelven problemas de la ciencia, el capital, la tecnología, el consumo, pero no los problemas iniciales que son los del trabajo”.

Carlos Fuentes. Última entrevista realizada al escritor por Magdalena Ruiz Guiñazú. Perfil 6/5/2012.

En este número de DEF, realizamos un minucioso desarrollo del concepto de la web 3.0. Una revisión amplia, pero seguramente incompleta, habida cuenta de las miles de implicancias que tiene esta tecnología de punta en el impacto presente y futuro de nuestra vida cotidiana y en los alcances sobre todo el planeta. Acometer una editorial desde las antípodas del conocimiento tecnológico, como es mi caso, implica todo un desafío y dejo para los buenos tecnócratas con los que contamos la responsabilidad de dar esos extraordinarios detalles, algunos deslumbrantes, vinculados a cómo nos afectará esta revolución tecnológica. Me permitiré concentrar mi análisis en las impresiones y dudas que genera el brutal impacto que tiene y tendrá indefectiblemente la irrupción de Internet y sus actuales avances, al punto que es difícil encontrar en la historia próximo pasada parámetros que permitan establecer semejanzas con estos fenómenos con los que hoy convivimos.

Quizás la imprenta presente alguna similitud. Por cierto, hasta 1440 el conocimiento era transmitido por monjes y religiosos dedicados a la copia de obras destinadas a reyes, nobles y otros canónigos que hacían del saber un conocimiento accesible a un mínimo sector de la población mundial. Con la invención de la tipografía atribuida a Johannes von Gutenberg, el conocimiento salió de oscuros conventos y se democratizó, obviamente entendido este concepto en el contexto de la época. El libro cruzó fronteras, llegó a otros lugares del planeta, permitió unificar saberes y transmitirlo a otros, lo que generó una expansión geométrica e inédita del conocimiento. ¿Estos conceptos no les suenan aplicables a la web? Pues sí, ideas parecidas escuchamos a diario, con la salvedad que la imprenta cambió el mundo pero su desarrollo tardó décadas y durante siglos los cambios, si bien significativos, no provocaron más revolución que un importantísimo abaratamiento de costos, lo que permitió sin duda, incrementar y facilitar la democratización de la palabra escrita. Estamos hoy ante un fenómeno similar, pero también diferente, con velocidades cercanas a la ciencia ficción y donde los cambios observados en la vida de una sola persona son tan abrumadores que impiden delinear un horizonte previsible.

Sin intención alguna de abrumar con cifras –ya que son tantas que asustan– tomemos para ejemplificar específicamente el caso de YouTube, el más popular de los sitios donde se suben videos, cuya primera actividad experimental ocurrió en abril de 2005 y que en un solo año tendría 100 millones de reproducciones diarias. ¿Entiende usted estos números? No lo sorprende que un video casero (“Charlie bit my finger, again”) fue reproducido 450 millones de veces y se calcula que si una persona en la actualidad decidiera ver los videos que se suben en el mundo en tan solo 24 horas, debería permanecer sentada frente a la computadora aproximadamente diez años, ni hablar de alimentarse, dormir u otras necesidades.

El anterior fue solo un ejemplo de los miles que apabullan a un neófito. L cierto es que comprender el alcance y el avance de la tecnología, para los que no somos profesionales del tema, es más que complejo, ya que como un virus intrahospitalario lo contagia todo y perdemos de vista hasta dónde influye. Así, desde la Internet 1.0 que le permitía a un acotado número de personas leer contenidos en forma estática, aquella de complejísimas conexiones y sistemas operativos tan poco amigables y que existían allá por los 90, hoy ha corrido un mundo. Transitamos la web 2.0 que ya produjo miles de revoluciones extraordinarias, incluidos conceptos básicos que formaban parte del abc de los conocimientos. Detengámonos solamente en dos de esos múltiples ejemplos. La “biblia de la comunicación” indicaba la existencia de un emisor, un receptor y un medio vinculante. Hoy ha desaparecido para siempre ese receptor estático que se ha transformado en un emisor simultáneo, cuando no un creador vuelto emisor en una nueva interrelación con la comunicación cuyas consecuencias recién estamos intentando comprender. Otro caso aplica a la política, la denominada Primavera Árabe acarreó la caída de otro paradigma esta vez de los analistas internacionales. La mirada de desconfianza e ironía que imponían las ideas de libertad y democracia aplicadas al mundo musulmán cayó con la facilidad de una hoja otoñal en manos de internet, de la comunicación masiva, de la mano de millones de jóvenes que explotaron en las redes sociales.

Es por ello que decimos que la tecnología en nuestras vidas genera incertidumbre en el futuro por la velocidad con que irrumpe y la capacidad de asimilación que tenemos los humanos frente al cambio. Entendemos más que claramente los beneficios que van desde el acceso a los electrodomésticos a distancia, a la programación de cualquier servicio domiciliario; desde el control de los movimientos del hogar desde el celular, hasta los avances en la cirugía a distancia; los robots de alta tecnología o una interconsulta médica desde cualquier lugar del planeta. Ya llega la detección temprana de fenómenos que alteran el medio ambiente y la modificación de los sistemas de explotación agropecuaria o forestal, solo citando algunas mínimas áreas de esta explosión del conocimiento que abarcará tanto al desarrollo, como a la defensa, a la educación, al empleo de los recursos energéticos, al ocio y a la vida toda de las personas.

El próximo arribo de la web Semántica o Internet 3.0, con franqueza, supera mi capacidad de análisis e invito a revisarla en el interior de nuestra revista, muy bien desarrollada, por cierto. Paso entonces a algunos aspectos que me generan verdadera incertidumbre y que están vinculados con la brecha tecnológica y las consecuencias que ello tendrá sobre la aldea global.

Hoy, ya existe el TAG, un dispositivo minúsculo de emisión y recepción de datos programable con miles de usos múltiples, que van desde el control de inventario a facilitar el acceso a edificios, a realizar seguimientos logísticos y mil otras posibilidades. Este minúsculo dispositivo inteligente, ¿a cuántos humanos reemplazará? Si se cumple además la ley de Moore (que indica que la informática duplicará el conocimiento cada dos años), es lícito pensar que nos encontraremos ante un gravísimo dilema en el muy corto plazo. Ocurrirá que la fuerza laboral menos capacitada tendrá mínimas oportunidades en el futuro y es inimaginable pensar cómo podrá afrontar su subsistencia.

No es cuestión de tapar el sol con la mano y dudar de la tecnología o pensar que el conocimiento hará peor nuestras vidas. Eso sería estúpido, pero no pensar además que son justamente esos sectores vulnerables los que no cumplen con un mínimo estándar para acceder a los beneficios prometidos es extremadamente peligroso. Cito cifras mínimas de la Unesco:

  • En los países en desarrollo, uno de cada tres niños ven reducidas sus perspectivas educativas por razones vinculadas a la desnutrición infantil.

  • En África Subsahariana solo el 5% de los estudiantes llegan a adquirir un título universitario, mientras que en los países ricos, un tercio finalizan sus estudios superiores.

  • Hay más de 700 millones de personas analfabetas en el mundo, algo así como el 16% de la población mundial y de ellas dos tercios son mujeres.

A estos datos de la Unesco les podemos agregar datos provenientes de la Organización Mundial de la Salud:

  • Según datos de 2008 hay 2600 millones de personas que no cuentan con los servicios básicos de saneamiento ni con acceso a instalaciones higiénicas, lo que representa el 39% de la población mundial.

  • Hay 894 millones de personas que no tienen acceso a la cantidad de agua mínima necesaria para la subsistencia, calculada entre 20 y 50 litros por día.

  • Según datos del Banco Mundial, hay en el mundo 1500 millones de personas que no tienen acceso a la energía eléctrica.

Estas realidades impiden ser optimistas, pese a los extraordinarios progresos que se avecinan. Las multitudes de excluidos, que carecen de cuestiones tan elementales para sobrevivir, es dudoso que puedan aprovechar estos avances, muchos seguramente, ni tendrán noticias de ellos. Durante todo el siglo XX las instituciones supranacionales se han degradado en su influencia real y hoy pareciera necesario encontrar más que nunca en la historia de la humanidad, acuerdos y nuevos caminos para una conducción global de sistemas que carecen de toda probabilidad de sobrevivir aislados y se encaminan a una interdependencia absoluta. Será muy difícil hacerse el distraído en la “aldea por venir”.

Tal vez, estemos muy interesados en cómo el nuevo smartphone trae escáner o monitor de seguridad, un lector de códigos de barra o un router inalámbrico, también puede ser súper interesante lo que nos acerca a la web 3.0, con nuevas redes y más inteligencia artificial, pero no perdamos de vista las consecuencias humanas y el costo social que se puede pagar en el futuro. Como cita la ley de Moore, todo ocurre muy rápido, tan rápido que de casualidad lo vemos y solo si estamos atentos. Es muy probable que en el futuro esta etapa reciba el nombre de etapa de transición, hasta llegar el momento en que traspasemos la toma de decisiones a los nativos digitales, los muy jóvenes de hoy que sin la mochila del pasado, nacieron en las nuevas tecnologías. Quizás allí, encontremos las respuestas a las dudas del presente.

Los dirigentes por venir deben llevarnos a un futuro lleno de colores y que en lo posible no nos explote en la cara.

Viva Internet

>Por Martín Lucas

En agosto de 2010, la influyente revista Wired tiró la primera piedra. “La Web ha muerto, larga vida a Internet”, puso en la tapa y encendió un debate fascinante que llega hasta nuestros días. ¿De qué hablaban estos muchachos? De varias cosas. Más allá del juego de palabras, lo que allí se preanunciaba era un cambio de paradigma en el modo de vincularnos con una de las herramientas más formidables creadas en los últimos 100 años: Internet. El cambio del modelo, en realidad, tenía que ver con la declinación inexorable de la World Wide Web (www) y con el avance de un sistema de plataformas y aplicaciones en donde el usuario adopta un rol menos activo. Es decir, una nueva Internet en la que ya no se trata tanto de “buscar” sino solo de “obtener” resultados, donde el sistema hace casi todo por nosotros y, en lugar de entregarnos datos sueltos, nos devuelve una respuesta completa y contextualizada, capaz de simplificarnos la vida cotidiana hasta en los detalles más triviales. Nos devuelve una respuesta, digamos, inteligente.

De ahí lo de la “muerte de la web”, tal como era conocida, para dar paso a una renovada etapa de avances tecnológicos que ponen a esta nueva red como la gran articuladora de la vida moderna con impactos muy concretos.

Este parece ser el mapa de lo que viene o, mejor, de lo que ya está sucediendo. Una nueva realidad que implica logros monumentales e interrogantes que serán motivo de debates interminables porque, si se lo piensa un poco, frente a un sistema que asume capacidades y criterios independientes, ¿qué tan abierta será la red? ¿qué tan libre será? Para seguir pensando y discutiendo.

Este mes, mientras tanto, presentamos el futuro de Internet 3.0.

La revolución apenas ha comenzado.

25 años es todo

“Internet se está convirtiendo en la plaza del pueblo de la aldea global del mañana”.
Bill Gates


 

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